diciembre 25, 2012

PROVINCIA DE UBATÉ, CUNDINAMARCA

Laguna de Fúquene

La cultura Muisca, habitante del altiplano cundiboyacense era una de las más numerosas del actual territorio de Colombia. Antes de la llegada de los españoles existían ya varios poblados dispersos por la sabana de Bogotá, y el altiplano, de los cuales algunos conservan aún sus nombres originarios. En el año de 1538, en una accidentada expedición liderada por Gonzalo Jiménez de Quesada, los españoles llegan al territorio del altiplano, y en su azarosa ruta hasta la sabana de Bogotá, ingresan al altiplano por la región donde ahora se asienta Vélez, en Santander, Chiquinquirá en Boyacá, y por el territorio que hoy conforma la provincia de Ubaté.

Basílica Menor de Ubaté

La provincia de Ubaté, limita hacia el norte con el departamento de Boyacá, al oriente con la provincia de Almeidas, al occidente con la provincia de Rionegro, y al sur con la provincia Sabana Centro, regiones de Cundinamarca que como esta, que enfrenta acelerados procesos de industrialización que ponen en riesgo su entorno natural y su vocación campesina. Sin embargo, aproximarse a la provincia y visitar sus pueblos y veredas, es una oportunidad para conocer una de las regiones de más diversas de Cundinamarca en cuanto a patrimonio natural y cultural se refiere: páramos, lagunas, formaciones rocosas con vestigios prehispánicos, arquitectura colonial, iglesias y capillas, infraestructura ferroviaria, y un notable arraigo campesino expresado en la producción de productos como el maíz y los lácteos, pero así mismo intensas actividades mineras y agrícolas que van en detrimento de su medio ambiente y sobre las cuales las autoridades municipales y departamentales debe emprender acciones para su regulación.

Laguna de Fúquene

El valle donde se asienta una buena parte de la provincia corresponde al lecho de una antigua laguna de la que quedan como vestigios las lagunas de Palacio, Cucunubá y Fúquene. Actualmente la laguna de Palacio es un humedal cubierto casi en su totalidad por juncos y vegetación lacustre; la de Cucunubá aún conserva una buena porción de su espejo de agua pero también acusa un notable retroceso, debido en parte a la implementación de sistemas de riego que alteraron su cuenca y la comunicación entre los dos cuerpos de agua. Fúquene, que se deriva del vocablo Muisca "Lecho de la zorra", es por su parte el cuerpo natural de agua más grande del departamento pero también uno de los más amenazados. En el curso de los últimos 60 años ha perdido más de la mitad de su volumen pues sus orillas constantemente son desecadas para prolongar la frontera agrícola, y la contaminación derivada de la actividad agrícola ha propiciado el crecimiento acelerado del buchón y el jacinto, plantas que cubren un buen porcentaje del espejo de agua. Sin embargo (porque el agua tiene memoria), en épocas de invierno la laguna inunda una buena parte de las propiedades que rodean su orilla, recuperando lo que históricamente le ha sido arrebatado.

Municipio de Fúquene

La laguna fue un importante centro ritual para las cultural precolombinas habitantes del altiplano cundiboyacense, pero a partir del siglo XIX diversas empresas intentaron su desecamiento, de las cuales una de los más ambiciosas fue liderada por José Enrique París en 1852, quien impulsó la construcción de un túnel para acelerar la pérdida del cuerpo de agua. La construcción del ferrocarril del Norte, hizo que la laguna se convirtiera en uno de los escenarios naturales más visitados por las familias santafereñas, y a su vez con la adquisición de la isla el Santuario, por parte del poeta Antonio María "el Jetón" Ferro, esta se convirtió en una de las sedes del grupo poético de la Gruta Simbólica. Con la llegada del ferrocarril por su parte, se levantó una notable infraestructura que incluye las hoy abandonadas estaciones de Susa y Simijaca y un túnel a la orilla de la laguna.

Estación del ferrocarril del norte en Simijaca

En el municipio de Ubaté se erige la Basílica Menor, una de las principales obras de la arquitectura religiosa de influencia gótica del país. Sin embargo para la memoria de la región tal vez el templo que tiene mayor relevancia histórica sea la capilla doctrinera de Sutatausa, epicentro de la evangelización en el valle de Ubaté, y donde aún se conservan algunas de las máquinas de tortura utilizadas por los españoles en su afán de expandir la religión católica. Es tristemente célebre el suicidio colectivo en el que perecieron cientos de indígenas en 1541 al lanzarse desde el filo de las peñas de Sutatausa, ante la afrenta que supuso la evangelización forzada y la esclavización de la que fueron objeto; en los numerosos bloques de piedra de las laderas del farallón se conservan algunos vestigios de pictogramas que representaban su cosmovisión y se mantienen junto a algunos caminos como una de las más notables huellas del pasado prehispánico de la provincia.

Capilla doctrinera de Sutatausa

Peñas de Sutatausa

Además de Ubaté, Sutatausa, Simijaca y Susa, forman parte de la provincia los municipios de Fúquene, Lenguazaque, Guachetá, Tausa, Carmen de Carupa y Cucunuba. Este último, uno de los municipios de Cundinamarca que mejor evocan un pasado colonial de casas uniformes y calles empedradas. En cuanto a los recursos naturales que enmarcan la región, son notables los páramos del Soche, Peñalisa y Rabanal y el pico Sicuara, sin contar con tradición artesanal basada en el uso del junco que crece en la laguna de Fúquene, y la gastronomía típica de la región con platos como el mute de maíz pelado con pata, y otros que recogen influencias de regiones vecinas como Boyacá e incluso Santander.

Camino prehispánico en las peñas de Sutatausa

Los numerosos atractivos patrimoniales de la provincia demandan acciones para su recuperación y conservación; Respecto al patrimonio natural la creación de reservas como la del páramo de Rabanal en Guachetá son iniciativas que deberían favorecer la conservación de los ecosistemas propios de la montaña, pero que no frenan el avance de la minería. A pesar de acciones como la formulación de una estrategia para el manejo ambiental de la cuenca Ubaté-Suárez (Documento Conpes 3451, 2006) y medidas tomadas por la CAR como la construcción de un canal perimetral, no han sido suficientes para la preservación del cuerpo de agua de la laguna de Fúquene. Respecto a la preservación del patrimonio arqueológico, el Centro de Historia y patrimonio Cultural de Sutatausa ha emprendido acciones para su inventario y registro, elemento que debe ser base para la formulación de planes de manejo por parte de entes como el Ministerio de Cultura y el ICAHN, que garanticen el acceso a tales recursos sin comprometer su preservación. Adjuntamos enlace al documento de reconocimiento, documentación y registro de sitios con arte rupestre en Sutatausa:

http://openarchive.icomos.org/989/1/1.PROYECTO_ARTE_RUPESTRE_SUTATAUSA_INTRO.pdf


Iglesia de Susa

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

marzo 12, 2012

MUSEO DEL ORO, BOGOTÁ


En el año de 1892 el presidente Carlos Holguín, ordenó el envío de 122 piezas que conformaban el tesoro Quimbaya, a una exposición conmemorativa del cuarto centenario de la conquista de América en la ciudad de Madrid. Una vez allá, decidió regalar las piezas a la reina María Cristina de Habsburgo, como símbolo de agradecimiento por su mediación en un conflicto limítrofe con Venezuela, finalmente ganado por Colombia. Desde entonces las piezas reposan en el Museo de América en Madrid. (Pablo Gamboa. El tesoro de los Quimbayas, 2002). Este es apenas uno de los casos que evidencian el saqueo del patrimonio arqueológico del país, en este caso por parte de sus mismos gobernantes. 


La historia de América ha estado signada por el saqueo de su cultura, sus recursos naturales y humanos, sus costumbres y evidentemente su patrimonio arqueológico. Tras la llegada de los españoles se llevó a cabo un proceso sistemático de apropiación de piezas de plata, oro y todo aquello que pareciera valioso para los conquistadores. Igualmente durante la colonia varias iniciativas procuraron desecar lagunas como las de Guatavita y Siecha con el fin de extraer ofrendas depositadas allí en ritos ancestrales. En alguna medida lo consiguieron. Pero lo que sí ha perdurado hasta nuestros días es el saqueo derivado de la guaquería, que podría ser también un síntoma de la falta, por un lado, de valoración de ese patrimonio, y por otro, de la falta de opciones para muchos campesinos dado lo que podría representar el hallazgo de una pieza para su economía familiar.


Así como el tesoro Quimbaya fue hallado por guaqueros, recuperado por el gobierno y luego perdido de nuevo, muchas piezas se encuentran en manos de diferentes coleccionistas privados y redes de tráfico ilegal. Y otras como el Poporo Quimbaya y la balsa muisca afortunadamente fueron recuperadas. El Poporo, recuperado en 1939 fue adquirido para la época por la suma de $3.000 a una mujer que lo conservaba; es esta la pieza que dio origen a la colección del Museo de Oro del Banco de la República, la cual cuenta con más de 35.000 piezas de orfebrería en oro, cobre, plata, bronce, y más de 12.000 de cerámica, lo que la hace la colección de arte precolombino más grande del mundo.


Las salas de Museo presentan un amplio recorrido por las culturas prehispánicas del territorio colombiano como los Sinués, Taironas, Calimas, Muiscas, Tumacos y Quimbayas, y su arte orfebre representado en joyas, utensilios de uso doméstico y de uso ceremonial, y artículos que reflejan la riqueza de su cosmogonía. Así mismo se destacan piezas confeccionadas en técnicas diversas como el repujado, la filigrana, y en particular la tumbaga que consistía en una aleación de oro y cobre en proporciones de 30% y 70% respectivamente. Algunas de las piezas de motivos más finos se obtenían gracias a la técnica de la cera perdida, basado en el uso de un molde de arcilla recubierto con una capa de cera, una nueva capa de arcilla, y el vaciado del metal caliente en el espacio que ocupaba la cera.


Aunque el Museo fue inaugurado en 1939, sólo comenzó a funcionar en su sede actual a partir del año 1969, tras la inauguración del edificio diseñado por la firma de arquitectos Esguerra, Sáenz, Urdaneta y Samper en el marco del Parque Santander, y actualmente es uno de los referentes internacionales del turismo y la cultura en Bogotá. Además de la riqueza que resguarda en su interior, (la colección fue declarada Monumento Nacional en 1975) muchas de las piezas que conforman el museo, forman parte del imaginario colectivo de los colombianos respecto a su pasado indígena; incluso quienes no han ingresado al recinto, asocian figuras como el Poporo o la Balsa Muisca con las culturas precolombinas de las que en parte desciende el pueblo colombiano, como una remembranza a la memoria de estas comunidades que vieron como las piezas que representaban su universo, sus costumbres y su sabiduría, fueron convertidas en simples lingotes.

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

marzo 08, 2012

QUEBRADA DE HUMAHUACA, ARGENTINA


Humahuaca
Foto: Santiago R. Leuro

Al pensar en el término "Patrimonio" generalmente se evocan construcciones, vestigios arqueológicos o tradiciones ancestrales. Sin embargo el concepto aborda una serie de interacciones entre lo material y lo inmaterial que no se ciñe exclusivamente a etapas históricas pasadas como la época precolombina o la colonia, sino también en un momento actual. Las relaciones se dan en un marco contextual que bien puede ser urbano o rural, y que en su conjunto conforma un paisaje, de manera que en relación a los valores patrimoniales se han establecido nuevas categorías que vinculan ese tipo de lazos entre lo tangible, lo intangible y el ambiente, como lo es el paisaje cultural. La UNESCO (1994) lo define como "una propiedad cultural que representa los trabajos combinados de la naturaleza y el hombre, que ilustra la evolución de la sociedad a través del tiempo, bajo las condiciones presentadas por un medio ambiente natural"


Calle de Humahuaca
Foto: Santiago R. Leuro

La Quebrada de Humahuaca, uno de los paisaje culturales más llamativos de Suramérica, se ubica al norte del actual territorio argentino en la provincia de Jujuy, y corresponde a una zona de transición entre las altiplanicies andinas, y las planicies bajas de la provincia de Salta. Justamente allí y de manera paralela al valle del Río Grande, transcurre el camino Inca principal, que enlazaba los confines del imperio, con las zonas más centrales del Tawantinsuyo. Tras la llegada de los españoles, la misma ruta de comercio enlazó la ciudad minera de Potosí, con las provincias del río de la Plata. Sin embargo, a pesar de la colonización y los procesos de evangelización, aún es evidente el origen andino de muchos de los pueblos de la quebrada.


Foto: Santiago R. Leuro

La Quebrada de Humahuaca corresponde al valle del Río Grande y los numerosos pueblos que se asientan allí: Abra Pampa, Animaná, Iruya, Huacalera, Humahuaca, Maimará, Tilcara, Volcán, Purmamarca, entre otros; una región seca, con pocas precipitaciones y un paisaje de diferentes tonos rojizos, verdes, amarillos y blancos, que se asemeja a una paleta de pintor, y donde predomina una flora típica de ambientes semiáridos como el cactus. El color de la tierra se extiende a sus pueblos, que lejos de tener construcciones monumentales, recoge una variedad de obras religiosas y civiles testigos del pasado colonial y republicano. La quebrada además fue escenario de diversas batallas entra tropas realistas y ejércitos patriotas que resistieron varias invasiones, y a los cuales se las brinda homenaje con un imponente monumento en el pueblo de Humahuaca.


Paisaje de Purmamarca
Foto: Michelle Fingeret

Sin embargo la importancia de la región en el marco histórico se remonta a la presencia de los Omaguacas, comunidades dedicadas principalmente a la agricultura y el pastoreo de camélidos andinos, quienes tras la expansión del imperio Inca, fueron subordinados al poder imperial. Los elementos indígenas aún se manifiestan en la fisionomía de los Quebradeños en general, la preservación de tradiciones ancestrales como el uso de la coca, y el uso de instrumentos autóctonos andinos como la zampoña, la anata y el bombo. La principal manifestación de la idiosincrasia indígena se hace mucho más evidente en dos elementos, tangible e intangible respectivamente. En primera instancia, en la presencia de sitios arqueológicos como el Pucará de Tilcara, fortaleza y puesto de vigilancia ubicado en un pequeño cerro que domina el valle hacia todos sus costados, y que hoy es uno de los principales atractivos turísticos de la Quebrada; por otra parte en el Carnaval de Humahuaca, tradición heredada de los españoles, pero readaptada al mundo aborigen con la vinculación de ritos y celebraciones de agradecimiento a la Pachamama.


Iruya
Foto: Michelle Fingeret

La música y la danza son los elementos más llamativos de la festividad, a la cual se movilizan multitudinarias caravanas de campesinos, indígenas y gauchos. Además del culto a la tierra y a los elementos naturales propio de los pueblos originarios, las celebraciones vinculan el culto religioso a la virgen de la Candelaria; Por otra parte en las carreteras y caminos de la Quebrada, así como en diferentes provincias de Argentina, es usual también encontrar pequeños altares al Gauchito Gil, figura de devoción popular a la que se le atribuyen numerosos milagros.


Pucará de Tilcara
Foto: Santiago R. Leuro

La quebrada ha sido revalorada como uno de los principales destinos turísticos del norte de Argentina, y al año recibe una importante afluencia de visitantes argentinos y extranjeros. Pero a pesar de esto y de los valores que condicionaron la declaración de Patrimonio de la Humanidad en el año 2003, y su riqueza en paisajes y cultura, la región se ha visto amenazada por lo que pareciera ser una nueva tendencia global en Latinoamérica: la minería a cielo abierto. Las provincias de Jujuy y Salta, al norte de Argentina son particularmente ricas en litio y uranio, y diversas empresas argentinas y multinacionales han emprendido diferentes iniciativas para la explotación; actividad que a pesar de ser presentada a las comunidades como "amigable con el ambiente" acarrearía numerosos efectos nocivos para la conservación del paisaje, del ambiente y las fuentes de agua de la Quebrada, y problemas sociales derivados de la actividad minera como el subempleo y la migración.

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Michelle Fingeret - Santiago Rincón Leuro

noviembre 27, 2011

CAÑÓN DEL CÓNCAVO, SIERRA NEVADA DEL COCUY

Cañón y lagunas del Cóncavo

Boyacá se precia de tener uno de los pocos ecosistemas de alta montaña de Colombia. A pesar de no tener el tamaño e imponencia de otras cadenas montañosas andinas como las cordilleras Blanca y Huayhuash en Perú, o la cordillera real de Bolivia, La sierra nevada del Cocuy es el santuario de montaña más completo del país gracias a la diversidad de picos y la posibilidad de actividades: senderismo, escalada en roca, en hielo o simplemente contemplación. Sus cumbres son murallas hacia los llanos orientales, y se levantan como el punto más alto de la cordillera oriental. 


Pico San Pablín sur y Laguna del Águila

La actividad turística ha traido un nuevo dinamismo para la región, pero con el turismo han llegado también nuevos males para la alta montaña, como se evidencia en sectores como el Ritakuwa Blanco, donde cada vez se amplían los caminos del páramo por cuenta del amplio número de visitantes (muchos de los cuales suben a caballo). La otra cara de la moneda se puede ver en otras zonas, como el cañón del río Cóncavo, a donde raramente ingresan visitantes diferentes a escaladores y montañistas.

Pico Cóncavo en el ascenso hacia el San Pablín Sur

El cañón es la cuenca natural donde discurre uno de los principales ríos de la región, pero también es uno de los sectores que tiene una mayor relevancia para la memoria y la identidad de los municipios de la sierra e incluso para la población indígena que habita el norte de Boyacá. La antesala del cañón es anunciada por la imagen de la virgen en el punto conocido como "la Cueva de la Cuchumba". Según la tradición en este lugar un anciano de barba blanca (que podría asimilarse a deidades como Bochica), le entregó a los indígenas U'was un lienzo con la imagen de la virgen, años antes de la llegada de los primeros evangelizadores españoles. Aún hoy la Virgen, conocida como la Morenita, es patrona de la sierra y sus pueblos y cada 6 de enero la cueva es escenario de una peregrinación masiva donde acuden habitantes de Güicán, El Cocuy y Chita.


Pico Ritakuwa Blanco desde la cumbre del San Pablín Sur

Erwin Kraus, pionero dlemontañismo en Colombia, junto a sus compañeros Fred y Dorly Marmillod, emprendió el último día de 1943 el ascenso al pico el Castillo, emblemática montaña considerada por muchos la más bonita del país. El ascenso supuso una especie de competencia entre los Marmillod, y la pareja de suizos Augusto Gansser y Georges Cuenet. Estos, en lugar de tomar la ruta de Kraus por el sur de la sierra, decidieron remontar el cañón y descolgarse por las empinadas paredes orientales del pico San Pablín Sur, en un paso conocido popularmente como "el paso millonario". A pesar de ser esta una ruta más directa, (y muchísimo más arriesgada y peligrosa), fue la cordada de Kraus la primera en llegar a su cumbre. Por su parte la cumbre del Pico San Pablín Sur es casi el punto medio de la sierra. Desde la cima se puede apreciar tanto el valle interno de la serranía y los picos del norte como los Ritakuwas y los picos sin nombre, así como los del sur, el Pan de Azúcar y Cóncavo, y el mismo Castillo ubicado al oriente justo en su frente y separado por el profundo valle. 


Pico el Castillo visto desde el pico U'wa

El turismo aún no ha abordado el Cañón del río Cóncavo, como lo ha hecho en otras zonas como la vecina Laguna Grande de la Sierra. Quienes se aventuran en medio de las altas paredes del cañón generalmente son escaladores o montañistas, lo cual ha contribuido a que el impacto generado por el tránsito de animales de carga sea mucho menor. Para acceder al Cañón la ruta parte de la Hacienda la Esperanza, típica hacienda campesina que además cuenta con infraestructura de alojamiento y alimentación. En el comienzo del valle de los Frailejones, se abandona el camino hacia la Laguna Grande, para seguir el curso del Río Cóncavo hacia el oriente, atravesando el páramo y luego cruzando las grandes morrenas que conducen hacia la Laguna del Águila, custodiada por el pequeño pico U'wa (conocido también como Banco Ancho), la pared norte del píco Cóncavo, y la cara sur del San Pablín Sur.


Hacienda la Esperanza

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

julio 08, 2011

IGLESIA DE SAN ANTONIO DE PADUA, BOGOTÁ

Iglesia de San Antonio de Padua, 
ubicada en la Avenida Caracas con Calle 8 sur

El panorama de la ciudad de Bogotá entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, no era muy diferente al de un poblado de tamaño mediano, recostado contra los cerros y limitado a lo que es en la actualidad el centro. En el norte en este periodo se consolidó un barrio de familias acomodadas en el camino hacia Tunja: Chapinero. En cambio hacia el sur, más allá de las Cruces, hacia el entonces municipio de Usme, a excepción de sectores como el barrio San Francisco Javier, predominaba un ambiente rural fortalecido por los migrantes que llegaron de los llanos orientales, Huila, Tolima y otros municipios de Cundinamarca. En muchos sectores del sur se concentraron familias que vivían en condiciones de pobreza, agravadas entre otras por el hecho de tener más de 2 o 3 hijos.



En la última década del siglo XIX, por iniciativa de Monseñor Manuel María Camargo, por medio de la asociación de la Santa Infancia, y con la colaboración de diversas comunidades religiosas, se gesta la creación de un asilo de niños en el sur de la ciudad que acogiera a buena parte de la población de menores que vivían en el área. Su construcción, en predios cercanos al entonces parque Luna Park, comenzó en 1903; por su parte la iglesia data de 1907 y fue el arquitecto bogotano Julián Lombana (conocido también por el diseño de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes y la portada del Cementerio Central) estuvo al frente de las obras del conjunto en general.



El templo y asilo de San Antonio de Padua, es uno de los principales conjuntos de arquitectura religiosa del sur de la ciudad. Se destaca su construcción en ladrillo y piedra, así como la fachada del templo que recoge una amplia variedad de elementos ornamentales en los que se destacan los capitales dóricos y la espadaña con la imagen de San Antonio. Dentro de la iglesia sobresalen los frescos del maestro Ricardo Acevedo Bernal y los vitrales europeos que representan la vida del patrono del Templo, y los capitales de orden jónico que rematan las columnas que separan las tres naves y sobrepasan sus dos niveles.

Frescos del Maestro Acevedo Bernal. Nótese el agujero en la boveda 
que afecta la pintura mural. Este no es el único caso en el templo

Lastimosamente, aunque en menor medida que la iglesia del Voto Nacional, su conservación se ha visto comprometida. Ya son evidentes los daños que ha sufrido la bóveda y que han afectado los frescos del techo. De acuerdo a la reseña de la Arquidiócesis de Bogotá, esta situación posiblemente se relacione con el pesado tráfico de la avenida Caracas y sus continuas ampliaciones. Sumado esto a la desaparición de algunas estructuras del conjunto tras el cambio de uso del asilo a colegio.

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

julio 06, 2011

JOE ARROYO: PATRIMONIO MUSICAL DE COLOMBIA



La música del Caribe colombiano es reconocida en todo el mundo por su alegría, tono y color. Inevitablemente una gran parte de la producción musical de las costas de Colombia, se relaciona con la celebración de carnavales, festivales o inclusive ritos funerarios como el Lumbalú de San Basilio de Palenque. Palenque precisamente es uno de los epicentros de la música del Caribe donde se hace más notoria la influencia de ritmos africanos; sus bailes y cantos son la muestra de una gran reverencia al ancestro de sus pobladores, manifiesta entre otras en agrupaciones como Son Palenque, Batata y las Alegres Ambulancias y el Sexteto Tabalá, y otras agrupaciones del Caribe como Wganda Kenya y Abelardo Carbonó y su conjunto. 

Esa riqueza musical de la costa sin embargo no se limita solamente a la herencia africana, y posiblemente el personaje que represente mejor la diversidad de los aíres musicales del Caribe colombiano sea Álvaro José "Joe" Arroyo. Aunque nacido en Cartagena, Joe es la costa en sí mismo; su voz recorrió tabernas, plazas y casetas en Sincelejo, Cartagena y Barranquilla antes de hacerse famoso con la agrupación Fruko y sus Tesos, y en adelante en una historia ya conocida por muchos colombianos que recitan de memoria sus canciones.



En la obra musical de Joe Arroyo se condensan tan variadas influencias como en ningún otro artista colombiano. Desde el citado legado africano representado en ritmos cercanos al Soukous congolés y en canciones como Si so gole o Yamulemao (original del cantante Laba Sosseh), hasta ritmos antillanos como la Soca y el Calypso (Musa original, Teresa vuelve, Centurión de la noche), pasando por la salsa (Tumbatecho, En horabuena, Con gusto y gana) y por supuesto los aíres propios del Caribe colombiano como la Cumbia, el Porro, el Chandé, el Fandango y el Bullerengue (De clavel, La tortuga, a Fulana).  

Una de las principales cualidades de la historia musical, es la reivindicación de la lucha de los negros, no sólo en cuanto a la libertad de los esclavos (relatada en la famosa canción Rebelión), sino también en la conservación de sus tradiciones como pueblo desde sus danzas y celebraciones, de los cuales el mismo Joe ha sido protagonista (especialmente el Carnaval de Barranquilla) hasta los elementos propios de la cotidianidad y ambiente costeños. Sin duda Joe Arroyo ha sido no sólo uno de los cantantes más versátiles de un país que a menudo encasilla su patrimonio musical en el vallenato, sino además parte de la identidad musical de los colombianos que cantaron y bailaron sus canciones en su juventud o que han crecido con su obra como fondo musical. 

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

abril 25, 2011

EMERGENCIA INVERNAL EN COLOMBIA: PATRIMONIO EN RIESGO

Crecida del Río Magdalena en Honda

Durante esta semana santa la noticia que colmó los medios fue el gran desastre invernal que aún azota a la mayor parte del territorio nacional: carreteras cerradas por derrumbes, hundimientos, pueblos y cultivos inundados, ríos desbordados y ante todo destrucción, miseria y una grave emergencia social y sanitaria que parece repetirse con más fuerza que en el mes de noviembre de 2010. Apenas hace cinco meses. Al parecer, las alarmas callaron y como muchas emergencias esta quedó en un temporal olvido. Lo más triste aún es que para muchas regiones es una constante ante cada temporada invernal.

El panorama en los municipios por donde transita el histórico camino Nacional de Honda, vía de comunicación entre Bogotá y el Magdalena desde la Colonia, no es para nada ajeno a la emergencia. Guaduas, en Cundinamarca, sufre continuos cortes de energía y agua por las fuertes lluvias. Además el municipio está practicamente incomunicado pues las carreteras hacia Villeta (y por extensión, Bogotá), y hacia Honda (desde donde parten vías hacia la costa Atlántica, Manizales, Ibagué y Medellín) están cerradas, lo que comienza a repercutir en un abastecimiento de combustible, alimentos y otros productos.


El derrumbe en la Vereda Sargento que cubrió parte del camino real de Honda, arrasó con árboles y cultivos

El municipio de Honda, Tolima, es uno de los más afectados por la emergencia. La ribera del Río Magdalena se ha desbordado, anegando barrios enteros y afectando a una población que subsiste en gran parte por la pesca. De muchas casas ribereñas quedan apenas las paredes e importantes edificaciones como la plaza de mercado (Monumento nacional) viven en riesgo permanente. Durante la pasada y reciente emergencia invernal, una creciente del Río Gualí arrasó parte de la casa de Cultura Alfonso Palacio Rudas, antiguamente sitio del convento Jesuita de Honda, llevándose consigo no solamente una valiosa construcción, sino gran parte de documentos históricos que a pesar de su valor no estaban archivados en buenas condiciones.

 Casa de la cultura Alfonso Palacio Rudas. Foto del año 2008

El segmento de la foto anterior, cedió por la crecida del Río Gualí. Foto del año 2011

El camino Real por su parte sufre por la escorrentía derivada del invierno. Entre Albán y Villeta no se presentan grandes dificultades salvo tramos convertidos en barrizales, pero no ocurre lo mismo en otros sectores. Entre Villeta y Guaduas, un tramo de bosque aledaño al camino en el Alto del Trigo ha sido devastado al parecer para ampliar un carretero, lo que hace sumamente peligroso el tránsito, sumado a un gran derrumbe a la orilla de la Quebrada Honda. Desde el Alto se ven las filas casi interminables de carros y vehículos de carga esperando en la carretera obstruida. En el descenso hacia Guaduas el camino es una auténtica quebrada en la que ni siquiera se ve el empedrado por los grandes volúmenes de agua.


Pero para el camino la situación más grave se presenta entre Guaduas y Honda, en la vereda Sargento, donde el terreno ha cedido generando amplias grietas que hacen casi imposible el transito de vehículos en las vías de acceso a las veredas Sargento y Chapaima, y un enorme derrumbe ha arrasado unos 200 metros del trayecto. La historia parece afirmar que las autoridades nacionales poco le apuntan a la protección del patrimonio frente a los embates de la naturaleza y se permite que la situación se repita una y otra vez, como ocurrió con el muelle de Puerto Colombia. Así como el invierno afecta directamente a las comunidades de los municipios citados, la destrucción de su patrimonio pone en peligro una parte de su identidad y favorece que elementos históricos como el camino, sean sepultados también en el olvido de los colombianos.

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

marzo 18, 2011

CAMINO REAL LA MESA - SAN JAVIER "CAMINO DEL RESBALÓN"

Capilla de Santa Bárbara, La Mesa

Los puertos no son unicamente aquellos lugares a orillas de ríos y mares, distinguidos por su actividad comercial y por ser puntos de entrada y salida a países o regiones. También lo son poblados alejados de las arterías fluviales con una intensa actividad comercial generada por el tránsito de las vías terrestres. En este sentido, La Mesa, fue uno de los principales puertos de montaña de la colonia en el territorio de la actual Cundinamarca.

Comienzo del "camino del resbalón" en el casco urbano de La Mesa

Allí convergían diferentes caminos que se distribuían a lo largo de poblados vecinos en diferentes regiones como la sabana de Bogotá, el valle del Magdalena o el Tequendama. Hoy se conservan algunos empedrados, como el camino hacia Mesitas y el camino hacia San Javier.




San Javier es un pequeño corregimiento muy cercano a la Mesa. Por allí discurre el antiguo camino que comunicaba al municipio con Cachipay y el borde occidental de la sabana de Bogotá. Sin embargo, la importancia del poblado fue mayor a comienzos del siglo XX con la construcción del ferrocarril de Girardot. San Javier, y otros pequeños poblados como La Esperanza, El Ocaso y San Joaquín, constituyeron notables estaciones del ferrocarril en su camino hacia el Magdalena. La actividad del ferrocarril trajo consigo además un intenso tráfico de viajeros que generó la construcción de casas de recreo y hoteles lujosos, que hoy son un testigo mudo del esplendor del pasado. En su casco urbano perduran la estación del tren y una tornamesa, mecanismo manual que permitía cambiar el sentido de las locomotoras.


Tornamesa del ferrocarril en San Javier

El camino empedrado es una obra magnífica, casi totalmente empedrada desde La Mesa, solamente interrumpido por varios cruces de la vía pavimentada. Al salir del pueblo, a una cuadra de la Capilla de Santa Bárbara, se anuncia en una placa como "el Resbalón". Allí su estructura constructiva de amplías dimensiones, se orienta en tres ejes de piedra, condición que perdura hasta el primer cruce con la vía pavimentada. En adelante, aunque el empedrado es más irregular, la ruta sigue descendiendo entre bosques que dan generosa sombra a quien lo recorre.



Este corto pero valioso tramo, es uno de los segmentos mejor conservados de la región, y su recorrido se hace más atractivo con los vistosos jardines de las fincas a su vera, las antiguas haciendas como la Hacienda San Javier, y los relictos de bosques que aún resguardan especies estudiadas por la Real Expedición Botánica, importante empresa científica de la cual se desarrolló una parte en la zona.


Hacienda San Javier

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro - Fundación Senderos y Memoria

febrero 07, 2011

DON HUMBERTO CAÑÓN, NEVADO DEL TOLIMA. Q.E.P.D.

Imagen tomada del Blog "Montaña en Colombia"

El domingo 6 de enero de 2011, fue asesinado Don Humberto Cañón, una de las personas más reconocidas en el contexto del montañismo colombiano. Su morada era la misma entraña de la montaña; a 4.000 metros de altura en el nevado del Tolima, construyó una modesta y acogedora vivienda, un huerto y un efectivo sistema de pozos termales aprovechando las fuentes azufradas del volcán, e incluso fragmentos de una avioneta accidentada en el parque de los nevados.


Foto: Carolina Cruz Vallejo

Pero además de su obra en medio del páramo, fue un inmejorable anfitrión, recibiendo siempre en su casa a quienes por allí pasaban, montañeros o no montañeros, ofreciendo siempre una taza de aguadepanela, comida, pero sobre todo sus historias y profundo conocimiento sobre la montaña. El paisaje de su hogar era el nevado y sus glaciares, justo en medio del páramo y bajo la sombra de las águilas y los cóndores que habitan los peñascos rocosos de la montaña. Con él se pierde una enorme fuente de sabiduría, una humilde persona que con su hospitalidad, esa que caracteriza a los campesinos de la montaña, brindaba las noches más cálidas en medio del frío del páramo.

Replicamos una nota del blog "Montaña en Colombia" y nos sumamos a las manifestaciones de aprecio hacia Don Humberto, así como a los reclamos para que el crimen no quede impune.


Textos: Fundación Senderos y Memoria

enero 31, 2011

NOEL PETRO "EL BURRO MOCHO"


"Si no estás Bogotanizado, tienes que bogotanizarte, tienes que sentir por dentro las costumbres de Bogotá... tienes que tomar la chicha, tienes que tomar la changua, tienes que comer cuchuco, darle a la papa chorreada, tienes que comer piquete y demostrar que no eres un hijo de míchica..." 

La música es una de las principales manifestaciones de la identidad de los pueblos. En Colombia el panorama musical abarca una amplia variedad de ritmos a lo largo de todas las regiones del país. La música tropical y el vallenato, sin embargo parecen ser una de las muestras más notables en la representatividad musical de Colombia ante el mundo, incluso su influencia y popularidad se desborda del marco de los pueblos del Caribe, hacia las ciudades y departamentos del interior. En toda fiesta familiar o celebración que implique baile, incluso en las frías ciudades del altiplano, la música popular tropical es una condición infaltable. Parece que una parte de esos ritmos, que bailaron en su primer momento nuestros abuelos o nuestros padres, permanece en nuestra memoria colectiva y un vasto número de canciones son interpretadas de manera automática inclusive por generaciones jóvenes que han tenido poco acceso a estos ritmos musicales.


"Por la reina de las cruces casi que me tiro al salto, pero ella ya no merece que yo me tire tan alto. La reina nadie conoce y todo se le ha oldivao, porque ahora se llama Claudia y el norte la ha tarstornao"

Nacido en Cereté, Córdoba, Noel Petro es uno de los artistas más vigentes a lo largo del tiempo, y parte de esa vigencia la ha dado su carácter poco paradigmático. Fue un innovador al romper el formato de las grandes orquestas, o los conjuntos tradicionales, añadiendo un elemento más cercano a la música Rock, y es la incorporación de un instrumento que sobresale por encima de los instrumentos tradicionales del resto del grupo: el requinto eléctrico. Una especie de guitarra eléctrica con un sonido más agudo, en la que interpreta complejos solos y secciones compuestas originalmente para conjuntos de vientos.


"Por arriba corre el agua, por abajo piedrecitas, desde lejos se conoce la mujer que es señorita. Puya el burro, puya el burro pa' que pueda caminar"

El Burro Mocho, como él mismo se hace llamar, cambió los cánones de la música tropical en Colombia. Su presencia en el escenario alude a elementos de la cotidianidad no sólo de la costa, sino incluso del interior, con canciones como "La Cucharita" original de Jorge Velosa, "Me voy pa'l salto" o Bogotanizado, donde evoca elementos propios de la identidad bogotana. El humor de doble sentido es una constante en sus presentaciones y muchas de sus canciones. Noel Petro aún perdura en la memoria musical de Colombia, tanto por su música, típica pero innovadora, así como por su vida pública y las historias en torno a su vida, como la supuesta relación y consecuente traición con la también cantante Claudia de Colombia, a quien le dedica canciones como "La reina de las cruces"; y tanto como su requinto es parte de su identidad, lo es también un sello infaltable que ha sido evocado jocosamente por muchas personas en algún momento de sus vidas: la frase "¡mamá, estoy triunfando!". El Burro Mocho, patrimonio musical de Colombia, parte de nuestra memoria, desde la Costa Caribe hasta el interior.

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

CIUDAD PERDIDA DE FALAN - MINAS DE SANTA ANA


En la cordillera central de Colombia se localizan zonas en las que las posibilidades de la minería son bastante altas; no necesariamente en un sentido positivo. La megaminería ha puesto sus ojos en algunas sectores en los que su labor tendría un altísimo costo ambiental, relacionado con la deforestación de extensas zonas de bosque andino, la disminución o deterioro de numerosos cauces, y por consiguiente un alto costo social de subempleo, desplazamiento y pobreza. Esto sucede por ejemplo en Cajamarca, Tolima, donde la Anglogold Ashanti pretende explotar una vasta zona, relativamente cercana al Parque de los nevados y su zona de influencia.


Iglesia de Santa Ana, Falan

La minería en el Tolima, sin embargo no es una actividad nueva. Aunque las culturas Tolima y Quimbaya explotaban minas de oro para la confección de piezas de orfebrería para múltiples usos, durante la colonia, los españoles encontraron una zona de explotación de oro en el piedemonte de la cordillera central, cerca a los importantes poblados de Mariquita y Honda. En su lugar, conocido como Rosario de Lajas y luego Santa Ana, se construyó una compleja infraestructura de túneles, socavones, canales, y muros. Dicen los habitantes de la zona, que los túneles se comunicaban con la casa de la moneda, en Mariquita, donde en la actualidad es posible ver la entrada de uno de ellos; otros posiblemente se dirigían al puerto de Honda. En cercanías al yacimiento, ubicado a la ribera de la quebrada Morales, se erigió un poblado llamado Santa Ana.



Luego de la expulsión de los españoles, fueron los ingleses quienes continuaron la labor minera, y a finales del siglo XIX, las minas fueron abandonadas. Por su parte, Santa Ana, a comienzos del siglo XX cambió su nombre por el de Falan, en honor a uno de sus hijos eméritos, el poeta Diego Fallón. Y las minas fueron consumidas por la vegetación. "Comidas por el monte" como dirían los campesinos de la región, dando en las construcciones el aspecto de antiguas ciudades perdidas. Llegar a la Ciudad perdida de Falan es muy sencillo, a pesar de que su nombre sugiere lo contrario. Distante apenas 20 kilómetros de Mariquita, en el parque de Falan es fácil contactar algún guía, que además de orientar al visitante en el recorrido, puede dar cuenta de las historias y leyendas relacionadas con el lugar.

En la quebrada Morales, aún algunos pobladores van a barequear, buscando el oro en el aluvión del río

Falan es un colorido pueblo, más parecido a un pueblo cafetero que a sus vecinos del valle central del Tolima. Y a pesar de su pequeño tamaño, son variadas las posibilidades: visitar el mirador del cerro de San Juan, las cascadas de la quebrada Morales y probar además el famoso Chupado, plato típico de la región. La ciudad perdida, su principal atractivo turístico es un interesante paraje, donde la naturaleza finalmente sometió la obra del hombre y recuperó su espacio; algo que no debería serle arrebatado, como lamentablemente puede ocurrir en Cajamarca, y aún como ha ocurrido en otras regiones de Colombia.



Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro