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febrero 07, 2011

DON HUMBERTO CAÑÓN, NEVADO DEL TOLIMA. Q.E.P.D.

Imagen tomada del Blog "Montaña en Colombia"

El domingo 6 de enero de 2011, fue asesinado Don Humberto Cañón, una de las personas más reconocidas en el contexto del montañismo colombiano. Su morada era la misma entraña de la montaña; a 4.000 metros de altura en el nevado del Tolima, construyó una modesta y acogedora vivienda, un huerto y un efectivo sistema de pozos termales aprovechando las fuentes azufradas del volcán, e incluso fragmentos de una avioneta accidentada en el parque de los nevados.


Foto: Carolina Cruz Vallejo

Pero además de su obra en medio del páramo, fue un inmejorable anfitrión, recibiendo siempre en su casa a quienes por allí pasaban, montañeros o no montañeros, ofreciendo siempre una taza de aguadepanela, comida, pero sobre todo sus historias y profundo conocimiento sobre la montaña. El paisaje de su hogar era el nevado y sus glaciares, justo en medio del páramo y bajo la sombra de las águilas y los cóndores que habitan los peñascos rocosos de la montaña. Con él se pierde una enorme fuente de sabiduría, una humilde persona que con su hospitalidad, esa que caracteriza a los campesinos de la montaña, brindaba las noches más cálidas en medio del frío del páramo.

Replicamos una nota del blog "Montaña en Colombia" y nos sumamos a las manifestaciones de aprecio hacia Don Humberto, así como a los reclamos para que el crimen no quede impune.


Textos: Fundación Senderos y Memoria

abril 25, 2010

KUMANDAY - NEVADO DEL RUIZ

Volcán Nevado del Ruiz, Kumanday

El Volcán Nevado del Ruiz, coonocido por culturas prehispánicas como Kumanday, generalmente se asocia con la tragedia de Armero del año 1985, en la que una avalancha proveniente del la montaña sepultó totalmente el municipio tolimense. Más allá de la tragedia, el Kumanday, gigante que domina la cordillera central entre Caldas, Tolima, Quindio y Risaralda, es la montaña que permite a los colombianos acercarse a la nieve gracias a la carretera que asciende hasta el antiguo refugio, a pocos metros del borde del glaciar.

Paisaje de superpáramo, Nevado del Ruiz

A pesar de su tamaño, el gigante Kumanday ("Nariz humeante"), guardian de las tierras de los Quimbaya, es hoy una montaña casi desnuda. La que anteriormente era una gran montaña blanca, hoy acusa un fuerte retroceso glaciar, acelerado desde la erupción de noviembre de 1985 y más evidente por acción del calentamiento global, aunque sigue siendo el mayor glaciar del parque de los nevados, del que forman parte también sus vecinos Tolima y Santa Isabel, y los ya deshielados paramillos del Quindio, Santa Rosa y el Cisne.

Cráter de la Olleta

El Nevado es un ícono de Colombia cuando se piensa en alta montaña; un nevado que la mayoría de ciudadanos referencian, bien sea por su imagen, visible y reconocible desde varios departamentos y ciudades del país, incluso desde Bogotá, o desde el aire en vuelos hacia diferentes destinos de nuestra geografía; reconocen por la posibilidad de subirlo y poder tocar la nieve, tan extraña para una gran parte de los colombianos; o por la ya citada tragedía que dejó impresas imágenes imborrables en la nación. Su imagen como ícono, como parte de la identidad de Colombia, se acentúa al citar su importancia como fuente de agua para los cuatro departamentos de los que forma parte el parque natural nacional, en dos regiones tan diferentes como el paisaje cafetero del viejo Caldas, y el valle del Magdalena en el Tolima, hasta donde llegan muchos de los ríos que nacen en las alturas de los páramos y nevados de la cordillera central.

Cojines de agua, parque de los Nevados

Parte del patrimonio natural de los colombianos, que representa innegables valores no sólo ambientales sino históricos, el Nevado urge de acciones para su conservación, en una zona que crece como destino turístico, lo que lleva implicada una serie de beneficios para sus habitantes, pero también cambios en su entorno social y ambiental, al modificarse muchas de sus dinámicas de vida, en función de una actividad desarrollada principalmente por operadores externos que a menudo olvidan al habitante de los páramos como una parte vital del ambiente de la alta montaña.

Texto: Fundación Senderos y Memoria 
Fotos: Santiago Rincón Leuro