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junio 25, 2014

LAGUNAS DE SIECHA, PARQUE NACIONAL NATURAL CHINGAZA



Las iglesias, capillas y ermitas fueron los nuevos espacios de culto que la evangelización impuso a los nativos del continente americano. Los Muiscas, que en muchas ocasiones fueron reducidos a pueblos de indios o poblados doctrineros, antes de la llegada de los conquistadores rendían tributo a sus deidades en espacios naturales. Posiblemente los más importantes fueron las lagunas de páramo. El altiplano Cundiboyacense está enmarcado por cadenas de páramos que se levantan por encima de los 3.000 metros, como los de Guerrero, Guatavita, Gacheneque, el Tablazo, Iguaque y Chingaza. En sus alturas se resguardan numerosas lagunas, huellas de antiquísimas glaciaciones, pero sobre todo, templos ancestrales y santuarios de paisajes casi únicos en el planeta.


En el páramo de Siecha se encuentran frailejones de más de 5 metros de altura

El páramo de Chingaza, ubicado al oriente de Bogotá, en los municipios de Guasca, La Calera, Choachí y Fómeque resguarda algunas de esas lagunas que fueron unos de los principales centros de adoración para la comunidad Muisca, y donde se desarrollaba la ceremonia conocida como "Correr la tierra", ardua travesía entre las lagunas sagradas, descrita por Juan Rodríguez Freyle en El Carnero. En estos días no deja de ser impresionante la hazaña que constituían quienes en una carrera de muchos kilómetros y días en medio de las montañas y los páramos de la cordillera oriental, buscaban dejar sus ofrendas en los cuerpos de agua para conseguir el favor de los dioses. Aunque la visión dada por Freyle tiene el sesgo tradicional de la historia contada por los conquistadores, cronistas y religiosos españoles, se puede leer según su relato que la ceremonia era un evento multitudinario, una fiesta colectiva en torno a la comunión entre hombre y naturaleza en honor a las deidades creadoras del universo Muisca.



El oro que para los Muiscas era una porción del sol, máxima deidad, representada en un elemento natural, fue para los conquistadores el motor de empresas inimaginables por los ancestros. Algunas descripciones recogidas por Liborio Zerda en su obra El Dorado, muestran que la ceremonia muy posiblemente tuvo lugar en la Laguna de Siecha y no en Guatavita. Y tal fue el reconocimiento de las dos lagunas como centros de culto, que desde la colonia en adelante se emprendieron numerosas iniciativas para desecarlas y extraer las presuntas riquezas de sus fondos. En el caso de Siecha, el primer intento fue llevado a cabo por Pedro y Miguel Tovar, el general Francisco de Paula Santander y Miguel Pey, sin resultado alguno. Las empresas más sonadas sin embargo fue las emprendidas en 1856 por Bernardino y Joaquín Tovar en sociedad con Guillermo París y Rafael Chacón, quienes al lograr un descenso de tres metros en el nivel del agua, hallaron entre otras, una balsa de oro; y posteriormente en 1870 por Enrique Urdaneta y George Crowther quienes murieron al asfixiarse en el túnel cavado para desaguarla faltando apenas tres metros para terminar el socavón. (Zerda, 1947). La mencionada balsa lastimosamente desapareció en el incendio y naufragio de la embarcación que la llevaba hacia un museo europeo, sumándose a la enorme lista del patrimonio arqueológico colombiano, saqueado y usurpado por otros países.


El embalse de Tominé desde los páramos de Siecha

Visitar la laguna de Siecha puede ser un buen pretexto para acercarse a una municipio que se debate como el punto de confluencia de las tierras frías de la sabana, el páramo y las tierras templadas del Guavio. Guasca, además de las Lagunas y su páramo, tiene otros lugares que vale la pena conocer, como el Parque Central, que sigue siendo un lugar de encuentro y ocio para la comunidad, o como la Capilla de Siecha, antiguo centro de adoctrinamiento de los Dominicos, construido en el siglo XVII.

Capilla de Siecha, construcción del siglo XVII declarada Monumento Nacional

El ascenso a las lagunas comienza en el municipio de Guasca donde se recomienda abordar el colectivo a la vereda Pasohondo; allí, un aviso de parques naturales marca el ingreso. A partir de este punto hacen falta un par de horas caminando por un carretero veredal, para llegar a la cabaña. Es fundamental haber hecho la reserva en la oficina de parques naturales (Cr. 10 No. 20-30, Bogotá) o en su defecto llegar antes de las 10 AM, puesto que el cupo de ingreso es de 40 personas al día.



Luego, ya en medio del ambiente del páramo, con la niebla, los frailejones y una ruta que a menudo cruza cojines de agua y pantanos, se llega a la más pequeña de las lagunas conocida como América (Guaiaquiti en lengua Chibcha). En adelante es posible continuar hasta la laguna intermedia llamada Fausta o Tivatiquica, y remontar una pequeña cuesta para llegar a Siecha, ubicada a mayor altura, y desde donde se puede emprender el ascenso a las peñas que la resguardan y así poder tener una panorámica general del sector, e incluso del valle del Río Teusaca, los embalses de Tominé y San Rafael, y el cerro de Pionono en Sopo, que desde los 3.600 metros de altura aparece apenas como una pequeña colina.   


En general el parque Nacional Natural Chingaza, con sus extensas áreas de páramo, y la diversidad de fauna y flora que la caracteriza, es sin parte fundamental del patrimonio natural del departamento y la ciudad de Bogotá, pues allí, a más de 3.000 metros de altura, nace el agua que consume la mayoría de bogotanos, y municipios de las provincias del Guavio y Oriente. Más allá de los valores históricos que se manifiestan en el área de las lagunas, son sus condiciones ambientales las que más se resaltan. Es bien sabido que los páramos andinos son un ecosistema único, y en el caso de Siecha, encontrarse a tan poca distancia de la ciudad de Bogotá hace de este sector del parque natural un destino imperdible para todo caminante o naturalista. Más aún cuando se puede percibir en el camino de ascenso que la frontera agrícola ha ganado altura y antiguas zonas de páramo han sido sustituidas por especies exóticas como el pino, o han dado lugar a cultivos de papa. Esta situación demuestra que a pesar del régimen de protección de las áreas del sistema de parques naturales, una buena parte de la zona de amortiguación de páramos y bosques permanece bajo una constante amenaza que se agudiza cuando existen limitadas posibilidades de acceso a la tierra para la población rural, lo que termina traduciéndose en un conflicto entre la conservación y la subsistencia de los campesinos.

TEXTO: FUNDACIÓN SENDEROS Y MEMORIA
FOTOS: Fundación Senderos y Memoria - Santiago Rincón Leuro

agosto 13, 2013

CATEDRAL DE SAL DE ZIPAQUIRÁ: ¿MARAVILLA O PARQUE DE DIVERSIONES?

Nave central de la catedral de Sal de Zipaquirá

La Catedral de Sal de Zipaquirá es sin duda uno de los atractivos turísticos más recomendados por los mismos bogotanos. Muchos citadinos y en general turistas de diferentes regiones de Colombia y otros países, visitan toda la semana la Catedral, principalmente los fines de semana. Algunos aprovechan el recorrido del Tren Turístico de la Sabana para hacer más interesante el plan al aprovechar el corredor férreo y los paisajes sabaneros por donde corre. Sin embargo, al visitarla se percibe que a pesar de ser un negocio rentable para empresarios y habitantes de la región, la gestión del atractivo turístico en función de su conservación es un tanto discutible.


Detalle del medallón en marmol, réplica escultórica de la creación de Adán, célebre fresco de la Capilla Sixtina

Una de las mayores dificultades cuando se abre al turismo cualquier destino es gestionarlo de una manera eficiente y sostenible, esto es, preservarlo para que futuras generaciones puedan disfrutarlo y, por qué no, seguir sacando partido económico de él, pero en coherencia con sus valores históricos, ambientales y culturales. Lo que se ve en la catedral es una gestión perniciosa del atractivo turístico, que lo desvirtúa, que lo pervierte generando una pérdida de identidad del mismo. La catedral, es en efecto uno de los principales atractivos turísticos de Colombia, por su imponencia, la grandiosidad de sus naves y la solemnidad que imprimen a sus espacios las tallas en roca de sal, sus esculturas y sobre todo por el hecho de ser una construcción subterránea. Esto se da en medio de un contexto ligado a la devoción, a la minería y a la importancia de la sal en la historia de Colombia.


Detalle de una de las bóvedas de la Catedral, esculpidas también en piedra de sal

Al diversificar los atractivos y ofertas de un atractivo turístico se corre el riesgo de desvirtuar su contexto, al añadir elementos que son innecesarios o podrían realizarse en otras zonas, no dentro del atractivo principal. Esta condición poco a poco le imprime a la Catedral de sal un tono de parque de diversiones, donde además del interés estético que genera la construcción en sí misma y su función devocional, confluyen también espectáculos de luces y música, espacios comerciales, ventas de crispetas, pantallas con apariencia navideña y maquinas para sacar muñecos de peluche con una tenaza.


Tiendas de artesanías y recuerdos en el sector comercial de la Catedral

Ante tal panorama preocupa la preservación de la cultura y el patrimonio; la inclusión de tantos elementos ajenos al fin de la Catedral, parece banalizar lo que podría ser un recorrido que provoque reacciones emocionales basadas en la monumentalidad, sin recurrir a elementos sórdidos como luces, música y souvenirs, todo bajo el amparo de ser "único subterráneo en el mundo".


Túnel de acceso a la Catedral

Por otro lado, es preciso señalar otros elementos que no concuerdan mucho con el papel del guía, pues ellos mismos alientan el ruido y afirman a los turistas que “pueden llevarse la sal que quieran”, cuando debieran preservar el orden y fomentar unas conductas positivas, por ejemplo, recordando a los visitantes que no deberían tocar las paredes de la catedral para poder preservarla de futuros deterioros a largo plazo, al cual seguramente se llegará tras décadas de visitantes tocando las formas y texturas minerales.


Estación de ferrocarril de Zipaquirá

Sin embargo, no deja de ser recomendable visitar la Catedral, y de paso recorrer el renovado centro histórico de Zipaquirá, su Catedral, obra de Fray Domingo de Petrés, su plaza y la Estación del ferrocarril, sede actual de la casa de cultura del municipio, y en el que se demuestra que en los pueblos de Colombia puede dársele nuevos usos a los bienes patrimoniales que están sumidos en el olvido y el deterioro.


TEXTO: ARANTZA MARDONES - UNIVERSIDAD DE DEUSTO, BILBAO / SANTIAGO RINCÓN LEURO
FOTOS: SANTIAGO RINCÓN LEURO - FUNDACIÓN SENDEROS Y MEMORIA




julio 04, 2013

LOS CAMINOS HISTÓRICOS DE LA REAL EXPEDICIÓN BOTÁNICA - ARTÍCULO



El último número de QUIROGA, REVISTA DE PATRIMONIO IBEROAMERICANO de la Universidad de Granada, incluye un artículo basado en una investigación desarrollada por la Fundación Senderos y Memoria, sobre un diagnóstico de patrimonio y conservación en caminos vinculados con la obra y vida de José Celestino Mutis y la Real Expedición Botánica. Compartimos con ustedes el enlace para que accedan a la publicación virtual, que además es posible descargar en formato PDF y los invitamos a leer los restantes artículos. 

ENLACE REVISTA

ENLACE ARTÍCULO


diciembre 25, 2012

PROVINCIA DE UBATÉ, CUNDINAMARCA

Laguna de Fúquene

La cultura Muisca, habitante del altiplano cundiboyacense era una de las más numerosas del actual territorio de Colombia. Antes de la llegada de los españoles existían ya varios poblados dispersos por la sabana de Bogotá, y el altiplano, de los cuales algunos conservan aún sus nombres originarios. En el año de 1538, en una accidentada expedición liderada por Gonzalo Jiménez de Quesada, los españoles llegan al territorio del altiplano, y en su azarosa ruta hasta la sabana de Bogotá, ingresan al altiplano por la región donde ahora se asienta Vélez, en Santander, Chiquinquirá en Boyacá, y por el territorio que hoy conforma la provincia de Ubaté.

Basílica Menor de Ubaté

La provincia de Ubaté, limita hacia el norte con el departamento de Boyacá, al oriente con la provincia de Almeidas, al occidente con la provincia de Rionegro, y al sur con la provincia Sabana Centro, regiones de Cundinamarca que como esta, que enfrenta acelerados procesos de industrialización que ponen en riesgo su entorno natural y su vocación campesina. Sin embargo, aproximarse a la provincia y visitar sus pueblos y veredas, es una oportunidad para conocer una de las regiones de más diversas de Cundinamarca en cuanto a patrimonio natural y cultural se refiere: páramos, lagunas, formaciones rocosas con vestigios prehispánicos, arquitectura colonial, iglesias y capillas, infraestructura ferroviaria, y un notable arraigo campesino expresado en la producción de productos como el maíz y los lácteos, pero así mismo intensas actividades mineras y agrícolas que van en detrimento de su medio ambiente y sobre las cuales las autoridades municipales y departamentales debe emprender acciones para su regulación.

Laguna de Fúquene

El valle donde se asienta una buena parte de la provincia corresponde al lecho de una antigua laguna de la que quedan como vestigios las lagunas de Palacio, Cucunubá y Fúquene. Actualmente la laguna de Palacio es un humedal cubierto casi en su totalidad por juncos y vegetación lacustre; la de Cucunubá aún conserva una buena porción de su espejo de agua pero también acusa un notable retroceso, debido en parte a la implementación de sistemas de riego que alteraron su cuenca y la comunicación entre los dos cuerpos de agua. Fúquene, que se deriva del vocablo Muisca "Lecho de la zorra", es por su parte el cuerpo natural de agua más grande del departamento pero también uno de los más amenazados. En el curso de los últimos 60 años ha perdido más de la mitad de su volumen pues sus orillas constantemente son desecadas para prolongar la frontera agrícola, y la contaminación derivada de la actividad agrícola ha propiciado el crecimiento acelerado del buchón y el jacinto, plantas que cubren un buen porcentaje del espejo de agua. Sin embargo (porque el agua tiene memoria), en épocas de invierno la laguna inunda una buena parte de las propiedades que rodean su orilla, recuperando lo que históricamente le ha sido arrebatado.

Municipio de Fúquene

La laguna fue un importante centro ritual para las cultural precolombinas habitantes del altiplano cundiboyacense, pero a partir del siglo XIX diversas empresas intentaron su desecamiento, de las cuales una de los más ambiciosas fue liderada por José Enrique París en 1852, quien impulsó la construcción de un túnel para acelerar la pérdida del cuerpo de agua. La construcción del ferrocarril del Norte, hizo que la laguna se convirtiera en uno de los escenarios naturales más visitados por las familias santafereñas, y a su vez con la adquisición de la isla el Santuario, por parte del poeta Antonio María "el Jetón" Ferro, esta se convirtió en una de las sedes del grupo poético de la Gruta Simbólica. Con la llegada del ferrocarril por su parte, se levantó una notable infraestructura que incluye las hoy abandonadas estaciones de Susa y Simijaca y un túnel a la orilla de la laguna.

Estación del ferrocarril del norte en Simijaca

En el municipio de Ubaté se erige la Basílica Menor, una de las principales obras de la arquitectura religiosa de influencia gótica del país. Sin embargo para la memoria de la región tal vez el templo que tiene mayor relevancia histórica sea la capilla doctrinera de Sutatausa, epicentro de la evangelización en el valle de Ubaté, y donde aún se conservan algunas de las máquinas de tortura utilizadas por los españoles en su afán de expandir la religión católica. Es tristemente célebre el suicidio colectivo en el que perecieron cientos de indígenas en 1541 al lanzarse desde el filo de las peñas de Sutatausa, ante la afrenta que supuso la evangelización forzada y la esclavización de la que fueron objeto; en los numerosos bloques de piedra de las laderas del farallón se conservan algunos vestigios de pictogramas que representaban su cosmovisión y se mantienen junto a algunos caminos como una de las más notables huellas del pasado prehispánico de la provincia.

Capilla doctrinera de Sutatausa

Peñas de Sutatausa

Además de Ubaté, Sutatausa, Simijaca y Susa, forman parte de la provincia los municipios de Fúquene, Lenguazaque, Guachetá, Tausa, Carmen de Carupa y Cucunuba. Este último, uno de los municipios de Cundinamarca que mejor evocan un pasado colonial de casas uniformes y calles empedradas. En cuanto a los recursos naturales que enmarcan la región, son notables los páramos del Soche, Peñalisa y Rabanal y el pico Sicuara, sin contar con tradición artesanal basada en el uso del junco que crece en la laguna de Fúquene, y la gastronomía típica de la región con platos como el mute de maíz pelado con pata, y otros que recogen influencias de regiones vecinas como Boyacá e incluso Santander.

Camino prehispánico en las peñas de Sutatausa

Los numerosos atractivos patrimoniales de la provincia demandan acciones para su recuperación y conservación; Respecto al patrimonio natural la creación de reservas como la del páramo de Rabanal en Guachetá son iniciativas que deberían favorecer la conservación de los ecosistemas propios de la montaña, pero que no frenan el avance de la minería. A pesar de acciones como la formulación de una estrategia para el manejo ambiental de la cuenca Ubaté-Suárez (Documento Conpes 3451, 2006) y medidas tomadas por la CAR como la construcción de un canal perimetral, no han sido suficientes para la preservación del cuerpo de agua de la laguna de Fúquene. Respecto a la preservación del patrimonio arqueológico, el Centro de Historia y patrimonio Cultural de Sutatausa ha emprendido acciones para su inventario y registro, elemento que debe ser base para la formulación de planes de manejo por parte de entes como el Ministerio de Cultura y el ICAHN, que garanticen el acceso a tales recursos sin comprometer su preservación. Adjuntamos enlace al documento de reconocimiento, documentación y registro de sitios con arte rupestre en Sutatausa:

http://openarchive.icomos.org/989/1/1.PROYECTO_ARTE_RUPESTRE_SUTATAUSA_INTRO.pdf


Iglesia de Susa

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

marzo 18, 2011

CAMINO REAL LA MESA - SAN JAVIER "CAMINO DEL RESBALÓN"

Capilla de Santa Bárbara, La Mesa

Los puertos no son unicamente aquellos lugares a orillas de ríos y mares, distinguidos por su actividad comercial y por ser puntos de entrada y salida a países o regiones. También lo son poblados alejados de las arterías fluviales con una intensa actividad comercial generada por el tránsito de las vías terrestres. En este sentido, La Mesa, fue uno de los principales puertos de montaña de la colonia en el territorio de la actual Cundinamarca.

Comienzo del "camino del resbalón" en el casco urbano de La Mesa

Allí convergían diferentes caminos que se distribuían a lo largo de poblados vecinos en diferentes regiones como la sabana de Bogotá, el valle del Magdalena o el Tequendama. Hoy se conservan algunos empedrados, como el camino hacia Mesitas y el camino hacia San Javier.




San Javier es un pequeño corregimiento muy cercano a la Mesa. Por allí discurre el antiguo camino que comunicaba al municipio con Cachipay y el borde occidental de la sabana de Bogotá. Sin embargo, la importancia del poblado fue mayor a comienzos del siglo XX con la construcción del ferrocarril de Girardot. San Javier, y otros pequeños poblados como La Esperanza, El Ocaso y San Joaquín, constituyeron notables estaciones del ferrocarril en su camino hacia el Magdalena. La actividad del ferrocarril trajo consigo además un intenso tráfico de viajeros que generó la construcción de casas de recreo y hoteles lujosos, que hoy son un testigo mudo del esplendor del pasado. En su casco urbano perduran la estación del tren y una tornamesa, mecanismo manual que permitía cambiar el sentido de las locomotoras.


Tornamesa del ferrocarril en San Javier

El camino empedrado es una obra magnífica, casi totalmente empedrada desde La Mesa, solamente interrumpido por varios cruces de la vía pavimentada. Al salir del pueblo, a una cuadra de la Capilla de Santa Bárbara, se anuncia en una placa como "el Resbalón". Allí su estructura constructiva de amplías dimensiones, se orienta en tres ejes de piedra, condición que perdura hasta el primer cruce con la vía pavimentada. En adelante, aunque el empedrado es más irregular, la ruta sigue descendiendo entre bosques que dan generosa sombra a quien lo recorre.



Este corto pero valioso tramo, es uno de los segmentos mejor conservados de la región, y su recorrido se hace más atractivo con los vistosos jardines de las fincas a su vera, las antiguas haciendas como la Hacienda San Javier, y los relictos de bosques que aún resguardan especies estudiadas por la Real Expedición Botánica, importante empresa científica de la cual se desarrolló una parte en la zona.


Hacienda San Javier

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro - Fundación Senderos y Memoria

noviembre 04, 2010

CAMINO REAL VILLETA - GUADUAS

Camino real en el ascenso por la vereda Cune

Una etapa más del Camino Nacional de Honda esta vez en dirección al Río Magdalena, el tramo entre Villeta y Guaduas es uno de los más fuertes por su notable pendiente tanto en el ascenso como el descenso. Es necesario desplazarse unos kilómetros por la vía pavimentada hacia Guaduas para encontrar el camino en el carreteable que conduce hacia la escuela de la Vereda Cune. Por este mismo carreteable se cruza tres veces la quebrada Cune hasta la escuela, donde el ascenso se hace más pronunciado y aparece el camino, con algunos segmentos empedrados.


Alto del Trigo

Más adelante el prolongado ascenso continua por un carretero en medio de la vereda Quebrada Honda, en una zona donde se alcanza a ver hacia la izquierda la carretera pavimentada y su constante fluir de vehículos de carga. En el remate de la subida el camino se convierte en un sendero rodeado de espesa vegetación, hasta alcanzar el Alto del Trigo, punto más alto de la jornada a 1.800 metros, mil metros por encima del punto de partida. Ahora el descenso es continuo hasta la Quebrada San Francisco, que corre paralela a la carretera pavimentada. A lo largo de la ruta es usual encontrar cañaduzales y trapiches, así como naranjos y guayabos cerca del alto del Trigo.


Camino real en el descenso hacia Guaduas

El panorama cambia al cruzar la carretera y alcanzar la vereda la Cumbre, donde se divisa la Villa de Guaduas, así como el alto del Sargento y la cadena montañosa que sirve de límite del valle del Magdalena. Cambia también el panorama del camino pues de aquí en adelante su empedrado es continuo, amplio y conservado. Ahora el descenso se torna lento por el resbaloso empedrado y la continua pendiente, que tras cruzar tres veces más la carretera llega a Guaduas justo por el Obelisco, monumento al líder comunero José Antonio Galán, fusilado, desmembrado y cuya cabeza fue expuesta en la casa consistorial del pueblo "en la noche del 3 al 4 de Febrero de 1782 para ser exhibida en una escarpía a la salida de la ciudad sobre el camino real a Santafé" como lo reza la placa en su homenaje en dicha casa.


Monumento a José Antonio Galán, en el punto de entrada del camino a Guaduas 
donde fue expuesta su cabeza

 
Monumento a José Antonio Galán, en la casa consistorial 

En Guaduas sin embargo hay casas más famosas o por lo menos más publicitadas, como la casa de la heroína de la independencia Policarpa Salavarrieta, natural de Guaduas, y cuya casa natal funciona como un museo que entre muchos objetos expuestos busca rescatar la memoria de la Pola, como fue conocida comúnmente. Guaduas es un municipio con grandes atractivos patrimoniales: la casa del patio del Moro, un curioso museo que funciona en una casa colonial, la alcaldía, antiguamente convento, la iglesia de San Miguel, la bizcochería el Néctar, representante de la gastronomía de la región, el mirador de la Piedra Capira sobre el valle del Río Magdalena, y por supuesto el camino real que continua hacia Honda en su jornada final.


Detalle de la Casa Museo de Policarpa Salavarrieta 


Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

noviembre 02, 2010

CAMINO REAL ALBÁN - VILLETA

Camino real en inmediaciones a Albán

Primera obra pública dada en concesión en la época de la colonia, el camino Nacional de Honda fue la ruta de entrada a Bogotá desde la costa norte y Europa, a traves del Río Magdalena hasta Honda, donde en unas cuatro jornadas los viajeros ascendían desde los 200 mts y las tierras cálidas del puerto, hasta la sabana de Bogotá. En sentido contrario el tramo entre Albán y Villeta, es un tramo de transcisión entre clima frío y cálido. Actualmente el empedrado comienza cerca del alto de la Tribuna para perderse hacia Bogotá con el trazado de la carretera pavimentada. En descenso el camino llega a Albán por un costado de la iglesia y continua de nuevo en el cementerio, donde se aprecia la magnitud de la obra con un empedrado uniforme, amplio y bastante conservado. Sin embargo poco después su empedrado se pierde ocasionalmente o su vera es invadida por un poliducto que altera notoriamente el paisaje de la vía.


Camino real cerca al Alto de la Cruz

El camino cruza la vereda de Pantanillo, en la carretera hacia Guayabal de Síquima. El empedrado allí se retoma en un corto ascenso donde el camino se rodea de fincas de recreo y casonas campestres, y se descuelga aún empedrado hacia el corregimiento de Chimbe, donde un monumento a la virgen y al cacique Chimbe anuncian la llegada al poblado. Allí, comienza un ascenso hacia uno de los puntos más reseñados en las crónicas de los viajeros de la colonia: el alto de Gascas.


 Descenso hacia Chimbe

El alto de Gascas es un paso por una cresta montañosa donde se ve hacia un lado la vertiente de los municipios de Bituima y Guayabal de Síquima, y hacia el otro lado la de Sasima y Villeta, municipio que incluso se puede divisar a lo lejos. Cuando se retoma el descenso se siente el cambio en el clima, en el paisaje, y de una zona en la que predominan las casonas y las fincas, ahora la caña y los trapiches son el nuevo elemento.


 Trapiche en el descenso hacia Bagazal

El descenso es continuo, esta vez por carreteables y segmentos del camino (que ocasionalmente se percibe debajo de los carreteables) hasta la vereda Bagazal, antigua estación ferrea ubicada a pocos kilómetros de Villeta, la capital de la panela. Desde allí, la mejor opción es tomar un jeep hasta Villeta pues el camino se ve reemplazado por la carretera pavimentada. Si el caminante quiere continuar el Camino Nacional debe prepararse para el fuerte ascenso al alto del Trigo, en una nueva etapa que lo conducirá hasta la Villa de Guaduas. Si lo prefiere puede descansar de una larga jornada en el municipio que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales destinos de Cundinamarca para la práctica de deportes y actividades de aventura como rapel, canotaje o barranquismo.


Tramo final del camino en la estación de Bagazal


Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

octubre 02, 2010

CERRO DE JUAICA


Panorámica del valle de Tabio desde la cumbre del cerro de Juaica 

El cerro de Juaica como ningún otro lugar en el departamento de Cundinamarca, está asociado a historias paranormales y eventos relacionados con los Ovnis. Se dice que allí hay una puerta cósmica, que es un lugar perfecto para avistamientos, o que allí tienen los extraterrestres una pista secreta. Independientemente de esta condición, el cerro no es simplemente una montaña más, sino un notable pico que sobresale entre la cadena montañosa de la que forma parte; mucho más notable por sus paredes y su figura estilizada, desde los municipios de Tabio y Tenjo.


Vegetación de páramo cerca de la cumbre del cerro

El cerro y la cadena montañosa son el límite natural de los valles de Tabio y de Subachoque y alcanza los 3.100 metros en su cumbre, estratégico mirador sobre los mencionados valles y poblados, y más allá los cerros de Majuy y el Tablazo, y parte de la ciudad de Bogotá. Su posición e imponencia hicieron que fuera un importante centro religioso para las comunidades muiscas que habitaban la sabana, en tanto que Tabio fue un poblado de recreo del Zipa, gracias a sus fuentes termales, que aún hoy son un concurrido balneario para muchos turistas y nativos, que buscan descanso o beneficiarse con las bondades de sus aguas, de las que se asegura tienen numerosas propiedades medicinales.


Ascenso al cerro por el Camino del Arrayán
  
El camino para subir a la cumbre parte desde la carretera pavimentada Tenjo - Tabio, con segmentos empedrados (muchos empedrados recientemente), tramos fangosos o en medio de túneles naturales formados por la espesa vegetación del cerro, propias de los bosques andinos y los subpáramos. El descenso por su costado occidental, hacia Subachoque, se hace por el antiguo camino del Arrayán, una ruta para atravesar desde un valle a otro en corto tiempo y destinada además para el intercambio de productos de la sabana, con las tierras cálidas, pues además Subachoque era un punto de confluencia de caminos que se dirigían a las tierras bajas de Supatá, la Vega y Pacho.

Costado oriental del cerro

Sin embargo el importante centro ceremonial, observorio para ufólogos, fue en años pasados víctima del turismo masivo y descontrolado y sus consecuencias negativas: inseguridad, asaltos a mano armada, fogatas y campamentos en zonas ambientalmente frágiles, y acumulación de basuras en sus caminos. Recientemente se han impuesto controles necesarios para la conservación del cerro como la limitación por parte de las entidades municipales para el ascenso de grupos muy grandes, y actividades como el campismo, así como el cerramiento de algunos senderos alternos y la señalización del camino principal. Acciones que podrían ser insuficientes si no se asume por parte de sus visitantes, que el cerro forma parte de la identidad del departamento por sus valores históricos, culturales y ambientales y su conservación compete no sólo a organizaciones gubernamentales, sino a cada una de las personas que con cualquier objetivo ascienden a sus alturas.


Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

agosto 25, 2010

CAMINO ANOLAIMA - FACATATIVÁ


De todas las festividades del departamento de Cundinamarca, la del Corpus Christi, celebrada en Anolaima, es tal vez una de las más vistosas. Este municipio frutero se encuentra enclavado en la región del Tequendama, cerca a Cachipay y Quipile y cada mes de junio se reunen sus habitantes (así como habitantes de municipios cercanos) a festejar el Corpus Christi en medio de carrozas que representan la riqueza frutera de la región.


Camino real en el bosque de niebla

Como muchos otros municipios de tierras templadas y cálidas, en éste existen caminos de comunicación que en fuertes jornadas llevan a las tierras altas de la sabana de Bogotá. El camino empedrado trepa por las paredes del occidente de la sabana en medio de espesos bosques en una ruta de entrada directa (y exigente) hacia Facatativá; en él se movían los productos destinados al intercambio comercial entre las diferentes regiones, particularmente con productos como café y frutas.


Ruinas en cercanías al camino real

Aunque el principal atractivo del camino es la exhuberante vegetación del bosque andino, la misma disposición del camino no deja de ser interesante. Las variaciones del camino fueron sorteadas con ingenio por sus constructores, por lo que sus características varían entre la amplitud de las zonas planas en el que adquiere gran protagonismo por las cercas de piedra que lo rodean, hasta abrirse paso en medio de túneles de vegetación en escaleras empinadas y angostas. La ruta asciende por la cuenca del Río Curí, siguiendo el curso del camino que parcialmente ha sido reemplazado por carreteros veredales.


Costado occidental del Cerro Manjui

Antes de llegar al bosque de subpáramo del Cerro de Manjui, se advierten las ruinas de lo que pareció ser una importante hacienda; aún se pueden adivinar entre las paredes derruidas, los amplios espacios interiores de la construcción. Desde el punto más alto en el Cerro de Manjui, por fin se ven las planicies de la sabana que se extienden hacia el oriente y comienza el corto descenso por un camino de empedrado compacto, hasta la población que marcó los límites entre el territorio de los Muiscas y las tierras de los Panches, y hoy es uno de los principales municipios del departamento.


Camino en la cima del cerro Manjui

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro