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junio 25, 2014

LAGUNAS DE SIECHA, PARQUE NACIONAL NATURAL CHINGAZA



Las iglesias, capillas y ermitas fueron los nuevos espacios de culto que la evangelización impuso a los nativos del continente americano. Los Muiscas, que en muchas ocasiones fueron reducidos a pueblos de indios o poblados doctrineros, antes de la llegada de los conquistadores rendían tributo a sus deidades en espacios naturales. Posiblemente los más importantes fueron las lagunas de páramo. El altiplano Cundiboyacense está enmarcado por cadenas de páramos que se levantan por encima de los 3.000 metros, como los de Guerrero, Guatavita, Gacheneque, el Tablazo, Iguaque y Chingaza. En sus alturas se resguardan numerosas lagunas, huellas de antiquísimas glaciaciones, pero sobre todo, templos ancestrales y santuarios de paisajes casi únicos en el planeta.


En el páramo de Siecha se encuentran frailejones de más de 5 metros de altura

El páramo de Chingaza, ubicado al oriente de Bogotá, en los municipios de Guasca, La Calera, Choachí y Fómeque resguarda algunas de esas lagunas que fueron unos de los principales centros de adoración para la comunidad Muisca, y donde se desarrollaba la ceremonia conocida como "Correr la tierra", ardua travesía entre las lagunas sagradas, descrita por Juan Rodríguez Freyle en El Carnero. En estos días no deja de ser impresionante la hazaña que constituían quienes en una carrera de muchos kilómetros y días en medio de las montañas y los páramos de la cordillera oriental, buscaban dejar sus ofrendas en los cuerpos de agua para conseguir el favor de los dioses. Aunque la visión dada por Freyle tiene el sesgo tradicional de la historia contada por los conquistadores, cronistas y religiosos españoles, se puede leer según su relato que la ceremonia era un evento multitudinario, una fiesta colectiva en torno a la comunión entre hombre y naturaleza en honor a las deidades creadoras del universo Muisca.



El oro que para los Muiscas era una porción del sol, máxima deidad, representada en un elemento natural, fue para los conquistadores el motor de empresas inimaginables por los ancestros. Algunas descripciones recogidas por Liborio Zerda en su obra El Dorado, muestran que la ceremonia muy posiblemente tuvo lugar en la Laguna de Siecha y no en Guatavita. Y tal fue el reconocimiento de las dos lagunas como centros de culto, que desde la colonia en adelante se emprendieron numerosas iniciativas para desecarlas y extraer las presuntas riquezas de sus fondos. En el caso de Siecha, el primer intento fue llevado a cabo por Pedro y Miguel Tovar, el general Francisco de Paula Santander y Miguel Pey, sin resultado alguno. Las empresas más sonadas sin embargo fue las emprendidas en 1856 por Bernardino y Joaquín Tovar en sociedad con Guillermo París y Rafael Chacón, quienes al lograr un descenso de tres metros en el nivel del agua, hallaron entre otras, una balsa de oro; y posteriormente en 1870 por Enrique Urdaneta y George Crowther quienes murieron al asfixiarse en el túnel cavado para desaguarla faltando apenas tres metros para terminar el socavón. (Zerda, 1947). La mencionada balsa lastimosamente desapareció en el incendio y naufragio de la embarcación que la llevaba hacia un museo europeo, sumándose a la enorme lista del patrimonio arqueológico colombiano, saqueado y usurpado por otros países.


El embalse de Tominé desde los páramos de Siecha

Visitar la laguna de Siecha puede ser un buen pretexto para acercarse a una municipio que se debate como el punto de confluencia de las tierras frías de la sabana, el páramo y las tierras templadas del Guavio. Guasca, además de las Lagunas y su páramo, tiene otros lugares que vale la pena conocer, como el Parque Central, que sigue siendo un lugar de encuentro y ocio para la comunidad, o como la Capilla de Siecha, antiguo centro de adoctrinamiento de los Dominicos, construido en el siglo XVII.

Capilla de Siecha, construcción del siglo XVII declarada Monumento Nacional

El ascenso a las lagunas comienza en el municipio de Guasca donde se recomienda abordar el colectivo a la vereda Pasohondo; allí, un aviso de parques naturales marca el ingreso. A partir de este punto hacen falta un par de horas caminando por un carretero veredal, para llegar a la cabaña. Es fundamental haber hecho la reserva en la oficina de parques naturales (Cr. 10 No. 20-30, Bogotá) o en su defecto llegar antes de las 10 AM, puesto que el cupo de ingreso es de 40 personas al día.



Luego, ya en medio del ambiente del páramo, con la niebla, los frailejones y una ruta que a menudo cruza cojines de agua y pantanos, se llega a la más pequeña de las lagunas conocida como América (Guaiaquiti en lengua Chibcha). En adelante es posible continuar hasta la laguna intermedia llamada Fausta o Tivatiquica, y remontar una pequeña cuesta para llegar a Siecha, ubicada a mayor altura, y desde donde se puede emprender el ascenso a las peñas que la resguardan y así poder tener una panorámica general del sector, e incluso del valle del Río Teusaca, los embalses de Tominé y San Rafael, y el cerro de Pionono en Sopo, que desde los 3.600 metros de altura aparece apenas como una pequeña colina.   


En general el parque Nacional Natural Chingaza, con sus extensas áreas de páramo, y la diversidad de fauna y flora que la caracteriza, es sin parte fundamental del patrimonio natural del departamento y la ciudad de Bogotá, pues allí, a más de 3.000 metros de altura, nace el agua que consume la mayoría de bogotanos, y municipios de las provincias del Guavio y Oriente. Más allá de los valores históricos que se manifiestan en el área de las lagunas, son sus condiciones ambientales las que más se resaltan. Es bien sabido que los páramos andinos son un ecosistema único, y en el caso de Siecha, encontrarse a tan poca distancia de la ciudad de Bogotá hace de este sector del parque natural un destino imperdible para todo caminante o naturalista. Más aún cuando se puede percibir en el camino de ascenso que la frontera agrícola ha ganado altura y antiguas zonas de páramo han sido sustituidas por especies exóticas como el pino, o han dado lugar a cultivos de papa. Esta situación demuestra que a pesar del régimen de protección de las áreas del sistema de parques naturales, una buena parte de la zona de amortiguación de páramos y bosques permanece bajo una constante amenaza que se agudiza cuando existen limitadas posibilidades de acceso a la tierra para la población rural, lo que termina traduciéndose en un conflicto entre la conservación y la subsistencia de los campesinos.

TEXTO: FUNDACIÓN SENDEROS Y MEMORIA
FOTOS: Fundación Senderos y Memoria - Santiago Rincón Leuro

junio 18, 2010

TRAVESÍA EN LA SIERRA NEVADA DEL COCUY Y GÜICÁN

Laguna de la Plaza

El trekking es una actividad relacionada al montañismo consistente en recorridos de larga duración que implican acampar, atravesar pasos entre diferentes regiones y caminar varias jornadas. El término en español, aunque a menudo se utiliza para referirse al senderismo (recorridos de una jornada) se ajusta más al de Travesía. Por fortuna en Colombia hay muy buenos trekkings, como la travesía que recorre a lo largo la sierra Nevada del Cocuy y Güicán. Esta es una cadena montañosa con dos líneas de montañas nevadas y rocosas paralelas; la travesía consiste en recorrer el valle que enmarcan ambas líneas, bien sea en dirección norte o sur.

Picos el Diamante y Pan de Azúcar y el paso de Bellavista en el extremo derecho

En este caso ilustramos la travesía iniciada desde el sur. Puede comenzar en el alto de la cueva en dirección al valle del Río Lagunillas, o en la Hacienda la Esperanza hacia la Laguna Grande de la Sierra. La primera opción conduce a la laguna de la Plaza luego de atravesar los boquerones de Cusirí y Patio Bolas. Por su parte desde la Laguna Grande se debe atravesar el paso de Bellavista, boqueron de alta peligrosidad entre los picos Toti y Pan de Azúcar, para llegar a la Laguna de la Plaza. Esta imponente laguna es el mayor cuerpo de agua de la sierra, y por su costado oriental se desagua hacia los llanos de Arauca y Casanare. Desde allí la ruta continúa en dirección norte hacia la Laguna del Pañuelo a los pies del pico el Castillo, una estilizada pirámide considerada por muchos la montaña más bonita de Colombia.

Valle de los Cojines

Tras atravesar el boquerón del Castillo, paso antiguamente cubierto de nieve se desciende hacia la laguna del Rincón, antesala del valle de los Cojines; una gran extensión de cojines de musgo de diferentes tonalidades de verde sobre los cuales transcurre la ruta, hasta el punto en que se cruza el río Ratoncito, para ascender hacia la Cueva Larga y Laguna del Avellanal.

Paredes orientales de los Picos Ritakuwas Blanco y Negro

El Avellanal está custodiada por los picos más altos de la sierra: los Ritakuwas Blanco y Negro que muestran sus gigantescas paredes rocosas por donde ascienden diferentes rutas de escalada de gran pared, pues son estas las más grandes de Colombia. Del lado oriental de la laguna, la custodian los Picos sin nombre y la Aguja, y entre estos y los Ritakuwas se forma el boquerón de la sierra, paso desde donde se tiene uno de los más amplios panoramas de la travesía. Desde allí, aún hace falta descender continuamente y a la vez rodeando la sierra por el norte, para cruzar el boquerón de los Frailes y llegar a la Laguna Grande de los Verdes. Ya queda una jornada relativamente relajada hasta las Cabañas Kanwara, cruzando el boquerón de Cardenillo, punto que además marca una división de vertientes hídricas; hacia el occidente las aguas drenan hacia el Río Chicamocha, hacia el Magdalena, mientras que hacia el oriente se dirigen hacia el Orinoco descendiendo por los llanos orientales.

Laguna de la Isla, cerca al paso de la Sierra

Aunque la travesía tiene algunas variaciones, en esencia el recorrido transcurre a los pies de picos y lagunas que son referencias notables para orientarse. Se puede llevar a cabo normalmente en 5 o 6 días aunque lo más recomendable es hacerlo pausadamente para permitir una adecuada aclimatación, pues la atención de una emergencia es mucho más difícil en tanto se deben cruzar una gran cantidad de boquerones.

Itinerario (en dirección sur - norte, entrando desde el alto de la Cueva)

DÍA 1: Casa de Alejandro Herrera - Laguna de la Plaza
DÍA 2: Laguna de la Plaza - Laguna del Pañuelo
DÍA 3: Laguna del Pañuelo - Valle de los cojines - Laguna del Avellanal
DÍA 4: Laguna del Avellanal - Laguna Grande de los Verdes
DÍA 5: Laguna Grande de los Verdes - Cabañas Kanwara


Laguna Grande de los Verdes

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

mayo 14, 2010

ISLAS BALLESTAS, PERÚ

Candelabro de Paracas, en la península del mismo nombre

Las aguas del Pacífico son refugio de una gran cantidad de especies de peces, aves y mamíferos que migran a lo largo del océano. Los departamentos del Chocó, Valle y Cauca en Colombia, son escenario en la temporada de agosto y septiembre, de la visita de las ballenas jorobadas que llegan a sus aguas para alumbrar a sus crías. Mientras tanto en Perú, existen refugios naturales para otras especies como las islas Palomino en el distrito de Callao, y las islas Ballestas cerca a la ciudad de Pisco.



Las islas Ballestas quedan muy cerca de la costa y son uno de los principales atractivos turísticos del sur del Perú por sus facilidades de acceso y su increible riqueza faunística. Son varias formaciones rocosas cercanas e incluso visibles desde el pueblo de Paracas, lugar de entrada a la reserva natural de Paracas y la península del mismo nombre. En esta se encuentra un inmenso geoglifo atribuido a la cultura Paracas, conocido como el candelabro, que así como las líneas de Nasca, es todavía un misterio. Su mejor ángulo de vista es desde el mar y el viaje hacia las islas es la mejor opción para admirarlo. En contraste, aunque la península es refugio de miles de aves dentro de la reserva, también es sede de industrias de procesamiento de productos pesqueros.


Para llegar a las islas se debe acceder desde las ciudades de Pisco o Ica, hacia el puerto artesanal de Paracas. Desde allí con un viaje en bote de una media hora se puede hacer un recorrido por las islas. El recurso más notable es la variedad de aves marinas: piqueros, alcatraces, pelícanos y pingüinos de Humboldt. Su excremento (Guano) es un recurso de gran importancia para la economía del Perú. Cada siete años se emprende una recolección del guano en las islas, producto procesado para fertilizantes y exportado a otros países.


Luego de las aves, otra presencia importante es la de los lobos marinos. Mamíferos marinos que ocupan la mayor parte de las playas rocosas de las islas. Se distinguen las hembras y los machos por su color y tamaño, siendo estás más pequeñas y de color más claro. Menos notable para los visitantes, pero no menos importante, este es uno de los mares con mayor riqueza del mundo pues la abundancia de plancton implica una inmensa variedad de especias de peces, moluscos y crustaceos. Esta es por cierto una de las principales razones de la variedad y exhuberancia de la gastronomía peruana, mundialmente famosa por sus platos de frutos marinos.



Desafortunadamente la zona fue azotada por un terremoto en el año 2007 y su efecto aún es notable en la población de Pisco, la ciudad más afectada. Muchas de sus edificaciones coloniales e iglesias colapsaron, acabando también con la vida de más de 500 personas, en lo que es la tragedia más reciente en un país que muchas veces ha sido azotado por movimientos sísmicos que han destruido una y otra vez muchas de sus ciudades más importantes.



Fotos: Santiago Rincón Leuro
Texto: Fundación Senderos y Memoria

abril 25, 2010

KUMANDAY - NEVADO DEL RUIZ

Volcán Nevado del Ruiz, Kumanday

El Volcán Nevado del Ruiz, coonocido por culturas prehispánicas como Kumanday, generalmente se asocia con la tragedia de Armero del año 1985, en la que una avalancha proveniente del la montaña sepultó totalmente el municipio tolimense. Más allá de la tragedia, el Kumanday, gigante que domina la cordillera central entre Caldas, Tolima, Quindio y Risaralda, es la montaña que permite a los colombianos acercarse a la nieve gracias a la carretera que asciende hasta el antiguo refugio, a pocos metros del borde del glaciar.

Paisaje de superpáramo, Nevado del Ruiz

A pesar de su tamaño, el gigante Kumanday ("Nariz humeante"), guardian de las tierras de los Quimbaya, es hoy una montaña casi desnuda. La que anteriormente era una gran montaña blanca, hoy acusa un fuerte retroceso glaciar, acelerado desde la erupción de noviembre de 1985 y más evidente por acción del calentamiento global, aunque sigue siendo el mayor glaciar del parque de los nevados, del que forman parte también sus vecinos Tolima y Santa Isabel, y los ya deshielados paramillos del Quindio, Santa Rosa y el Cisne.

Cráter de la Olleta

El Nevado es un ícono de Colombia cuando se piensa en alta montaña; un nevado que la mayoría de ciudadanos referencian, bien sea por su imagen, visible y reconocible desde varios departamentos y ciudades del país, incluso desde Bogotá, o desde el aire en vuelos hacia diferentes destinos de nuestra geografía; reconocen por la posibilidad de subirlo y poder tocar la nieve, tan extraña para una gran parte de los colombianos; o por la ya citada tragedía que dejó impresas imágenes imborrables en la nación. Su imagen como ícono, como parte de la identidad de Colombia, se acentúa al citar su importancia como fuente de agua para los cuatro departamentos de los que forma parte el parque natural nacional, en dos regiones tan diferentes como el paisaje cafetero del viejo Caldas, y el valle del Magdalena en el Tolima, hasta donde llegan muchos de los ríos que nacen en las alturas de los páramos y nevados de la cordillera central.

Cojines de agua, parque de los Nevados

Parte del patrimonio natural de los colombianos, que representa innegables valores no sólo ambientales sino históricos, el Nevado urge de acciones para su conservación, en una zona que crece como destino turístico, lo que lleva implicada una serie de beneficios para sus habitantes, pero también cambios en su entorno social y ambiental, al modificarse muchas de sus dinámicas de vida, en función de una actividad desarrollada principalmente por operadores externos que a menudo olvidan al habitante de los páramos como una parte vital del ambiente de la alta montaña.

Texto: Fundación Senderos y Memoria 
Fotos: Santiago Rincón Leuro

abril 21, 2010

EL DESHIELO DE LA SIERRA NEVADA DEL COCUY Y GÜICÁN

La tierra ha afrontado procesos de calentamiento y glaciación a lo largo de su historia y justo en la actualidad somos testigos de un periodo de aumento de la temperatura notablemente acelerado por acción humana. En Colombia, ese aumento es evidente en los pocos glaciares que sobreviven; los nevados del Tolima, Ruiz, Huila y Santa Isabel y las sierras nevadas del Cocuy y Güicán, y la de Santa Marta.

LENGUA GLACIAR DEL PICO RITAKUWA BLANCO


Enero, 2008

Marzo, 2010

En Boyacá, los glaciares, aún imponentes de la sierra del Cocuy, son perfectos indicadores del proceso de retroceso. La antiguamente masa continua de la sierra, ahora se ve segmentada. Entre el pico Puntiagudo y el San Pablín Norte, entre el Cóncavo, y el Toti, y ahora entre el Toti y el Pan de Azúcar, en la zona del paso de Bellavista, afloran superficies de roca que interrumpen la continuidad de la que aún es la masa más grande de nieve y hielo de Colombia. Así como el límite de los glaciares retrocede, también disminuye el espesor de la masa, dejando al descubierto profundas grietas donde antes se percibía un glaciar parejo, y rimayas cada vez más grandes en el contacto entre el hielo y la roca.

CARA OCCIDENTAL PICO RITAKUWA NEGRO


Abril, 2008

Marzo, 2010

¿Qué acciones deben emprender los actores vinculados al turismo en esta regiónpara mitigar sus efectos en la sierra? Parecería que de parte de las entidades regionales y oficiales los controles sobre las actividades de turismo deberían ser más estrictas. A lo mejor limitar un poco el turismo masivo, y procurar por un turismo más contemplativo en el que el glaciar se vea menos afectado; sin embargo estas son medidas paliativas que podrían retardar el proceso, más no detenerlo. En los últimos meses se han tomado acciones positivas para la salud de la sierra. En el sector del pico Ritakuwa Blanco, al norte de la sierra, un nuevo camino para las mulas aleja su tránsito de la parte alta del río playitas, favoreciendo su conservación en la zona de su nacimiento. Anteriormente el "parqueadero" de las mulas era justo sobre el curso de agua, acción que lo contaminaba justo al pie de la zona de campamento.

Pico San Pablín norte

La responsabilidad por el cuidado de la sierra es una acción conjunta, en el que deben intervenir tanto las entidades estatales, como las organizaciones de guías de la región, los campesinos, los montañistas y escaladores y los turistas y operadores que la visitan a lo largo del año; todos deben recordar que la sierra, además de ser uno de los más invaluables destinos turísticos de Boyacá y del país, es ante todo un santuario natural del cual dependen directa e indirectamente, miles de habitantes de los departamentos de Arauca, Casanare y Boyacá.

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

abril 19, 2008

RITAKUWA NEGRO - SIERRA NEVADA DEL COCUY Y GÜICÁN

Pico Ritakuwa Negro - Foto: Santiago Rincón Leuro

La semana santa del presente año, Diego Cortés, Diego Parra y Santiago Rincón ascendieron el pico Ritakuwa Negro, segundo en altitud de la sierra (5.300). La expedición comenzó con la llegada al Municipio de El Cocuy, situado al norte de Boyacá luego de un viaje de 13 horas. Al día siguiente el grupo ascendió hasta el campamento ubicado en Playitas, cerca al glaciar de los Ritakuwas, pasando por las cabañas Kanwara y siguiendo el curso del río Playitas.

Cara occidental del Ritakuwa Negro - Foto: Santiago Rincón Leuro

El miércoles 19 de abril, se trazó la ruta hacia la pared occidental del Ritakuwa Negro, atravesando un glaciar agrietado, con restos de desprendimientos de nieve y hielo en la base de la pared; sin embargo el intento por esta ruta se hizo el día siguiente, comenzando con una pala de nieve de entre 60° y 70° de inclinación, y unos 120 metros, hasta llegar al punto de mayor compromiso: una pared de hielo de 6 metros, ligeramente extraplomada. Luego de un intento de avance por parte de Diego Cortés, se decidió abortar el ascenso ante la falta de equipamiento para la corta pared, luego de la cual se inicia el ascenso de las rampas hacia la cumbre.

Cara occidental del Ritakuwa Negro - Foto: Santiago Rincón Leuro

El viernes 21, se toma la ruta de la arista: un filo de nieve que une los Ritakuwas blanco y negro, con cornisas por la cara occidental, y una caída de aproximadamente 500 metros por la cara oriental. En la arista se cruzan algunos pasos de dificultad, se remonta el hombro para luego desescalar unos 15 metros por la arista y quedar finalmente en la base de las rampas de la cumbre, lugar por el que se debería salir en la primera ruta intentada.

Diego Parra en la arista. Foto: Santiago Rincón Leuro

Finalmente luego de unos tramos verticales, con hielo y nieve descompuesta y el paso de una grieta, el grupo llega a la cumbre a las 3:15 PM: un hongo de hielo que aparentemente podría desprenderse en cualquier momento. Para el descenso se tomó la cara occidental, por unas paredes más al norte de la ruta del primer intento. El descenso implicó montar rapeles en paredes de nieve y de roca (aproximadamente 9 largos de descenso) hasta llegar a la ruta de aproximación trazada anteriormente a las 9:00 PM.

Diego Cortés en el tramo final hacia la cumbre - Foto: Diego Parra

En este ascenso se pudieron notar sin embargo, algunos puntos negativos: primero, la acelerada pérdida del glaciar (el borde del glaciar subió unos 10 metros desde enero hasta abril del mismo año) y la falta de regulación en el ingreso de turistas al parque; según información de un arriero, el día del ascenso a la cumbre subieron hasta el sector de playitas cerca de 100 mulas (esto implica cerca de 100 personas, SIN contar con los que suben caminando); así mismo era el impacto de estos ascensos sobre el glaciar: huellas, muñecos de nieve, letreros románticos, etc... y además mucha basura a lo largo del camino.


Cara occidental del Ritakuwa Negro - Foto: Santiago Rincón Leuro

La Sierra Nevada del Cocuy y Güicán, es patrimonio natural de Boyacá y de Colombia; es derecho de todos conocer la sierra, pero la masificación del turismo en la sierra implica que se emprendan acciones para reducir al máximo el impacto sobre estas áreas naturales, por ejemplo que se limite el número de visitantes por día o se restrinja el ingreso hacia ciertas zonas del glaciar; que se adecuen los "parqueaderos" para mulas y caballos, pues estos a menudo son ubicados en el río Playitas, lo que acarrea su temprana contaminación con desechos orgánicos. Tanto los visitantes como las entidades públicas y privadas relacionadas con la Sierra, proteger un lugar de tal importancia natural y cultural, que ha sido orgullo de muchos, sueño de otros, y cuna del montañismo en Colombia.

Cordada: Santiago Rincón Leuro, Diego Parra, Diego Cortés

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Diego Parra, Santiago Rincón Leuro