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marzo 08, 2012

QUEBRADA DE HUMAHUACA, ARGENTINA


Humahuaca
Foto: Santiago R. Leuro

Al pensar en el término "Patrimonio" generalmente se evocan construcciones, vestigios arqueológicos o tradiciones ancestrales. Sin embargo el concepto aborda una serie de interacciones entre lo material y lo inmaterial que no se ciñe exclusivamente a etapas históricas pasadas como la época precolombina o la colonia, sino también en un momento actual. Las relaciones se dan en un marco contextual que bien puede ser urbano o rural, y que en su conjunto conforma un paisaje, de manera que en relación a los valores patrimoniales se han establecido nuevas categorías que vinculan ese tipo de lazos entre lo tangible, lo intangible y el ambiente, como lo es el paisaje cultural. La UNESCO (1994) lo define como "una propiedad cultural que representa los trabajos combinados de la naturaleza y el hombre, que ilustra la evolución de la sociedad a través del tiempo, bajo las condiciones presentadas por un medio ambiente natural"


Calle de Humahuaca
Foto: Santiago R. Leuro

La Quebrada de Humahuaca, uno de los paisaje culturales más llamativos de Suramérica, se ubica al norte del actual territorio argentino en la provincia de Jujuy, y corresponde a una zona de transición entre las altiplanicies andinas, y las planicies bajas de la provincia de Salta. Justamente allí y de manera paralela al valle del Río Grande, transcurre el camino Inca principal, que enlazaba los confines del imperio, con las zonas más centrales del Tawantinsuyo. Tras la llegada de los españoles, la misma ruta de comercio enlazó la ciudad minera de Potosí, con las provincias del río de la Plata. Sin embargo, a pesar de la colonización y los procesos de evangelización, aún es evidente el origen andino de muchos de los pueblos de la quebrada.


Foto: Santiago R. Leuro

La Quebrada de Humahuaca corresponde al valle del Río Grande y los numerosos pueblos que se asientan allí: Abra Pampa, Animaná, Iruya, Huacalera, Humahuaca, Maimará, Tilcara, Volcán, Purmamarca, entre otros; una región seca, con pocas precipitaciones y un paisaje de diferentes tonos rojizos, verdes, amarillos y blancos, que se asemeja a una paleta de pintor, y donde predomina una flora típica de ambientes semiáridos como el cactus. El color de la tierra se extiende a sus pueblos, que lejos de tener construcciones monumentales, recoge una variedad de obras religiosas y civiles testigos del pasado colonial y republicano. La quebrada además fue escenario de diversas batallas entra tropas realistas y ejércitos patriotas que resistieron varias invasiones, y a los cuales se las brinda homenaje con un imponente monumento en el pueblo de Humahuaca.


Paisaje de Purmamarca
Foto: Michelle Fingeret

Sin embargo la importancia de la región en el marco histórico se remonta a la presencia de los Omaguacas, comunidades dedicadas principalmente a la agricultura y el pastoreo de camélidos andinos, quienes tras la expansión del imperio Inca, fueron subordinados al poder imperial. Los elementos indígenas aún se manifiestan en la fisionomía de los Quebradeños en general, la preservación de tradiciones ancestrales como el uso de la coca, y el uso de instrumentos autóctonos andinos como la zampoña, la anata y el bombo. La principal manifestación de la idiosincrasia indígena se hace mucho más evidente en dos elementos, tangible e intangible respectivamente. En primera instancia, en la presencia de sitios arqueológicos como el Pucará de Tilcara, fortaleza y puesto de vigilancia ubicado en un pequeño cerro que domina el valle hacia todos sus costados, y que hoy es uno de los principales atractivos turísticos de la Quebrada; por otra parte en el Carnaval de Humahuaca, tradición heredada de los españoles, pero readaptada al mundo aborigen con la vinculación de ritos y celebraciones de agradecimiento a la Pachamama.


Iruya
Foto: Michelle Fingeret

La música y la danza son los elementos más llamativos de la festividad, a la cual se movilizan multitudinarias caravanas de campesinos, indígenas y gauchos. Además del culto a la tierra y a los elementos naturales propio de los pueblos originarios, las celebraciones vinculan el culto religioso a la virgen de la Candelaria; Por otra parte en las carreteras y caminos de la Quebrada, así como en diferentes provincias de Argentina, es usual también encontrar pequeños altares al Gauchito Gil, figura de devoción popular a la que se le atribuyen numerosos milagros.


Pucará de Tilcara
Foto: Santiago R. Leuro

La quebrada ha sido revalorada como uno de los principales destinos turísticos del norte de Argentina, y al año recibe una importante afluencia de visitantes argentinos y extranjeros. Pero a pesar de esto y de los valores que condicionaron la declaración de Patrimonio de la Humanidad en el año 2003, y su riqueza en paisajes y cultura, la región se ha visto amenazada por lo que pareciera ser una nueva tendencia global en Latinoamérica: la minería a cielo abierto. Las provincias de Jujuy y Salta, al norte de Argentina son particularmente ricas en litio y uranio, y diversas empresas argentinas y multinacionales han emprendido diferentes iniciativas para la explotación; actividad que a pesar de ser presentada a las comunidades como "amigable con el ambiente" acarrearía numerosos efectos nocivos para la conservación del paisaje, del ambiente y las fuentes de agua de la Quebrada, y problemas sociales derivados de la actividad minera como el subempleo y la migración.

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Michelle Fingeret - Santiago Rincón Leuro

julio 06, 2011

JOE ARROYO: PATRIMONIO MUSICAL DE COLOMBIA



La música del Caribe colombiano es reconocida en todo el mundo por su alegría, tono y color. Inevitablemente una gran parte de la producción musical de las costas de Colombia, se relaciona con la celebración de carnavales, festivales o inclusive ritos funerarios como el Lumbalú de San Basilio de Palenque. Palenque precisamente es uno de los epicentros de la música del Caribe donde se hace más notoria la influencia de ritmos africanos; sus bailes y cantos son la muestra de una gran reverencia al ancestro de sus pobladores, manifiesta entre otras en agrupaciones como Son Palenque, Batata y las Alegres Ambulancias y el Sexteto Tabalá, y otras agrupaciones del Caribe como Wganda Kenya y Abelardo Carbonó y su conjunto. 

Esa riqueza musical de la costa sin embargo no se limita solamente a la herencia africana, y posiblemente el personaje que represente mejor la diversidad de los aíres musicales del Caribe colombiano sea Álvaro José "Joe" Arroyo. Aunque nacido en Cartagena, Joe es la costa en sí mismo; su voz recorrió tabernas, plazas y casetas en Sincelejo, Cartagena y Barranquilla antes de hacerse famoso con la agrupación Fruko y sus Tesos, y en adelante en una historia ya conocida por muchos colombianos que recitan de memoria sus canciones.



En la obra musical de Joe Arroyo se condensan tan variadas influencias como en ningún otro artista colombiano. Desde el citado legado africano representado en ritmos cercanos al Soukous congolés y en canciones como Si so gole o Yamulemao (original del cantante Laba Sosseh), hasta ritmos antillanos como la Soca y el Calypso (Musa original, Teresa vuelve, Centurión de la noche), pasando por la salsa (Tumbatecho, En horabuena, Con gusto y gana) y por supuesto los aíres propios del Caribe colombiano como la Cumbia, el Porro, el Chandé, el Fandango y el Bullerengue (De clavel, La tortuga, a Fulana).  

Una de las principales cualidades de la historia musical, es la reivindicación de la lucha de los negros, no sólo en cuanto a la libertad de los esclavos (relatada en la famosa canción Rebelión), sino también en la conservación de sus tradiciones como pueblo desde sus danzas y celebraciones, de los cuales el mismo Joe ha sido protagonista (especialmente el Carnaval de Barranquilla) hasta los elementos propios de la cotidianidad y ambiente costeños. Sin duda Joe Arroyo ha sido no sólo uno de los cantantes más versátiles de un país que a menudo encasilla su patrimonio musical en el vallenato, sino además parte de la identidad musical de los colombianos que cantaron y bailaron sus canciones en su juventud o que han crecido con su obra como fondo musical. 

Textos: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago R. Leuro

febrero 07, 2011

DON HUMBERTO CAÑÓN, NEVADO DEL TOLIMA. Q.E.P.D.

Imagen tomada del Blog "Montaña en Colombia"

El domingo 6 de enero de 2011, fue asesinado Don Humberto Cañón, una de las personas más reconocidas en el contexto del montañismo colombiano. Su morada era la misma entraña de la montaña; a 4.000 metros de altura en el nevado del Tolima, construyó una modesta y acogedora vivienda, un huerto y un efectivo sistema de pozos termales aprovechando las fuentes azufradas del volcán, e incluso fragmentos de una avioneta accidentada en el parque de los nevados.


Foto: Carolina Cruz Vallejo

Pero además de su obra en medio del páramo, fue un inmejorable anfitrión, recibiendo siempre en su casa a quienes por allí pasaban, montañeros o no montañeros, ofreciendo siempre una taza de aguadepanela, comida, pero sobre todo sus historias y profundo conocimiento sobre la montaña. El paisaje de su hogar era el nevado y sus glaciares, justo en medio del páramo y bajo la sombra de las águilas y los cóndores que habitan los peñascos rocosos de la montaña. Con él se pierde una enorme fuente de sabiduría, una humilde persona que con su hospitalidad, esa que caracteriza a los campesinos de la montaña, brindaba las noches más cálidas en medio del frío del páramo.

Replicamos una nota del blog "Montaña en Colombia" y nos sumamos a las manifestaciones de aprecio hacia Don Humberto, así como a los reclamos para que el crimen no quede impune.


Textos: Fundación Senderos y Memoria

enero 31, 2011

NOEL PETRO "EL BURRO MOCHO"


"Si no estás Bogotanizado, tienes que bogotanizarte, tienes que sentir por dentro las costumbres de Bogotá... tienes que tomar la chicha, tienes que tomar la changua, tienes que comer cuchuco, darle a la papa chorreada, tienes que comer piquete y demostrar que no eres un hijo de míchica..." 

La música es una de las principales manifestaciones de la identidad de los pueblos. En Colombia el panorama musical abarca una amplia variedad de ritmos a lo largo de todas las regiones del país. La música tropical y el vallenato, sin embargo parecen ser una de las muestras más notables en la representatividad musical de Colombia ante el mundo, incluso su influencia y popularidad se desborda del marco de los pueblos del Caribe, hacia las ciudades y departamentos del interior. En toda fiesta familiar o celebración que implique baile, incluso en las frías ciudades del altiplano, la música popular tropical es una condición infaltable. Parece que una parte de esos ritmos, que bailaron en su primer momento nuestros abuelos o nuestros padres, permanece en nuestra memoria colectiva y un vasto número de canciones son interpretadas de manera automática inclusive por generaciones jóvenes que han tenido poco acceso a estos ritmos musicales.


"Por la reina de las cruces casi que me tiro al salto, pero ella ya no merece que yo me tire tan alto. La reina nadie conoce y todo se le ha oldivao, porque ahora se llama Claudia y el norte la ha tarstornao"

Nacido en Cereté, Córdoba, Noel Petro es uno de los artistas más vigentes a lo largo del tiempo, y parte de esa vigencia la ha dado su carácter poco paradigmático. Fue un innovador al romper el formato de las grandes orquestas, o los conjuntos tradicionales, añadiendo un elemento más cercano a la música Rock, y es la incorporación de un instrumento que sobresale por encima de los instrumentos tradicionales del resto del grupo: el requinto eléctrico. Una especie de guitarra eléctrica con un sonido más agudo, en la que interpreta complejos solos y secciones compuestas originalmente para conjuntos de vientos.


"Por arriba corre el agua, por abajo piedrecitas, desde lejos se conoce la mujer que es señorita. Puya el burro, puya el burro pa' que pueda caminar"

El Burro Mocho, como él mismo se hace llamar, cambió los cánones de la música tropical en Colombia. Su presencia en el escenario alude a elementos de la cotidianidad no sólo de la costa, sino incluso del interior, con canciones como "La Cucharita" original de Jorge Velosa, "Me voy pa'l salto" o Bogotanizado, donde evoca elementos propios de la identidad bogotana. El humor de doble sentido es una constante en sus presentaciones y muchas de sus canciones. Noel Petro aún perdura en la memoria musical de Colombia, tanto por su música, típica pero innovadora, así como por su vida pública y las historias en torno a su vida, como la supuesta relación y consecuente traición con la también cantante Claudia de Colombia, a quien le dedica canciones como "La reina de las cruces"; y tanto como su requinto es parte de su identidad, lo es también un sello infaltable que ha sido evocado jocosamente por muchas personas en algún momento de sus vidas: la frase "¡mamá, estoy triunfando!". El Burro Mocho, patrimonio musical de Colombia, parte de nuestra memoria, desde la Costa Caribe hasta el interior.

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

mayo 23, 2010

PATRIMONIO GASTRONÓMICO BOGOTANO - BOGOTÁ DULCE

Pastelería Florida

La gastronomía bogotana pareciera limitarse solamente al ajiaco y al puchero, pero restaurantes como las Margaritas o las Ojonas, nos muestran la variedad de platos típicos de Bogotá y su mutua influencia en la cocina del altiplano cundiboyacense en general. Particularmente en Bogotá se han gestado lugares que con un fondo relacionado a la mesa y un plato específico, forman parte de la cotidianidad de la ciudad llegando a ser símbolos informales de la ciudad. Cafés, pastelerías, salones de té y locales de postres no son ajenos a esta condición. Son famosos los del barrio Modelo, donde cada domingo se estacionan carros a lo largo de los andenes con familias que van a degustar postres de natas, fresas con crema, merengones o arroz con leche. En el centro de la ciudad, algunos son testigos de los continuos cambios de la ciudad y sus habitantes, y sin embargo siguen siendo reconocidos y frecuentados.

Doña Elsa Martínez, pastelería Florida

Junto a la profesora Catalina Echavarría y estudiantes de la Universidad de la Sabana, el 17 de mayo visitamos tres puntos tan distintos, como relevantes en la gastronomía de la ciudad. En primer lugar la pastelería, salón de té y panadería Florida, en el barrio las Nieves. Su historia se remonta a la época del régimen Franquista en España, desde donde migró José Granes, quien en 1936 fundó un salón de té de influencia inglesa, novedoso para la sociedad bogotana de la época. Ofrecía un chocolate no muy popular por su sabor amargo, y Eduardo Martínez, empleado de la panadería encargado de la limpieza de las latas del pan, y futuro socio de Granes, fue quien impulsaría el cambio en el producto estrella de la Florida, un chocolate que aún hoy es famoso y es la mejor representación del chocolate santafereño, a pesar de haberse trasladado del local original y cambiar la esencia del local del que habitualmente relatan los abuelos.

Marquesas, la Puerta falsa

Unas cuadras al sur, y muchos años atrás en la historia, nos encontramos con la Puerta falsa. Su nombre debe a que antiguamente al frente suyo quedaba la puerta lateral de la catedral, conocida como puerta falsa. Posteriormente al reformarse la Catedral, y quedar la puerta ya no al frente del local, éste adoptó la denominación. Desde 1816, la Puerta falsa es reconocida, e incluso premiada por los tamales; pero además ofrece una amplia variedad de postres y dulces como las marquesas o las cocadas. El local de pequeño tamaño, los domingos permanece totalmente lleno, pues entre los bogotanos que visitan el centro histórico o la ciclovía de la carrera Séptima, el paseo no sería completo sin un tamal con chocolate o masato de la Puerta Falsa. Actualmente su propietario Don Carlos Sabogal, parte de la séptima generación de la Puerta Falsa, es quien busca preservar ese legado que se mantiene desde el siglo XIX, para que no corra la misma suerte de preparaciones ya desaparecidas como la aloja o el guarrús.


Tamal de la Puerta falsa

Para finalizar, visitamos Café de la Peña, una pastelería que aunque no representa los postres típicos de la capital, ha mantenido una tradición que llegó hace años a la ciudad: la pastelería francesa. Esto en el marco de una casa del histórico barrio de la Candelaria, en el que se han reproducido otros locales dedicados a la repostería francesa. Su nombre radica en su ubicación contigua a la calle de la Peña, antiguo camino hacia la iglesia de la Peña en las laderas de los cerros orientales. Por su parte es además de pastelería una galería de arte.

Café de la Peña, pastelería francesa

Apenas un corto recorrido que rememora las tradicionales onces o medias nueves, costumbre que parece mantenerse poco en las familias de la capital, y del que aún se disfruta en muchos sitios como los reseñados; tradición de la que dan cuenta escritores como José María Cordovez Moure, en su libro "reminiscencias de Santafé y Bogotá".

Café de la Peña, pastelería francesa

Agradecemos de nuevo a los asistentes al recorrido y los puntos visitados.

Pastelería Florida: Cr. 7 # 21-46 - http://pasteleriaflorida.com/home.htm
La Puerta falsa: Cll 11 # 6-50
Café de la Peña, pastelería Francesa: Cr 3 # 9-66 - http://www.cafepasteleria.com/

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

PATRIMONIO GASTRONÓMICO BOGOTANO - MESA Y TRADICIÓN

En compañía de la profesora Catalina Echavarría y estudiantes de la carrera de gastronomía de la Universidad de la Sabana, los días 16 y 17 de mayo recorrimos puntos representativos de la gastronomía bogotana en dos rutas denomidadas "mesa y tradición" y "Bogotá dulce".


Empanadas de Las Margaritas

Mesa y tradición es un recorrido diseñado para conocer las muestras más representativas de la cocina bogotana. Tanto la gastronomía típica de Bogotá y el altiplano, como aquella que siendo foranea se ha forjado un nicho en la ciudad, siendo reconocidos en su sector por ser los principales exponentes en su campo. Comenzamos por el restaurante Las Margaritas que se remonta al año de 1902 en el sector de Chapinero, en lo que era una zona de haciendas y quintas de la élite bogotana a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Las Margaritas es el restaurante más antiguo de Bogotá y del País, y en palabras de su propietario Don Julio Rios, herededo por generaciones del restaurante, era el lugar de encuentro de las familias chapinerunas luego de la misa en la iglesia de Lourdes y personajes de la vida pública como Agustín Nieto, fundador del Gimnasio Moderno, El escritor Eduardo Caballero Calderón, Leo Koop, dueño de la cervecería Bavaria, Andrés Samper Geneco y sus hijos Daniel y Ernesto Samper Pizano, Mariano Ospina Pérez, expresidente de la República, entre muchos otros que incluso han dejado un legado sobre el lugar en artículos y columnas de prensa; muchos de estos precisamente decoran el establecimiento. Además de la oferta de platos típicos bogotanos como el puchero, el ajiaco y el cuchuco, es reconocido principalmente por las empanadas, hechas con maíz corva molido con la misma receta (aunque ya no en estufas de carbón) con que la hacían Doña Margarita Arenas y sus hijas, en un pequeño negocio que dio origen al restaurante.

Don Julio Ríos, propietario de Las Margaritas

El recorrido continuó por el restaurante "Magolita, Las Ojonas" en el barrio Panamericano, localidad de Santafé. A diferencia del anterior restaurante, nacido de la sociedad Bogotana-chapineruna de la época, este se gestó a partir de la migración de habitantes de Boyacá a la capital. Su fundadora doña Magola Alfonso de Torres oriunda de Gameza, trajo consigo muchas de las tradiciones gastronómicas del altiplano Cundiboyacense.

Doña Margoth Torres, propietaria de Las Ojonas

Mazamorra chiquita de Las Ojonas

Según Doña Margoth Torres, heredera y actual propietaria, son varios los elementos que identifican el restaurante, creado en 1946; por un lado, su mostrador en el que se exhiben algunos de los productos: arepas boyacenses, torta de menudo, pescuezo de gallina, morcilla, gallina criolla... Por otro lado su variedad en sopas, carnes y platos típicos: fritanga, guiso de cola, puchero boyacense, cordero, piquete con gallina, huesos de marrano, cocido boyacense, mazamorra chiquita, mondongo, caldo de raíz. Una oferta tan amplia no podía ser indiferente a una gran variedad de clientes: desde obreros, oficinistas y trabajadores del sector, hasta políticos y empresarios.

Restaurante Magolita, Las Ojonas

Más reciente, pero seguramente el máximo exponente de la comida vallecaunaca en Bogotá, el restaurante Fulanitos en La Candelaria está ubicado en una antigua casa desde donde se ven las torres de la catedral, la iglesia de la Candelaria, el santuario de Nuestra Señora del Carmen y los tejados de barro del barrio. Aunque su oferta es ajena a la de la cocina tradicional bogotana, es un referente obligatorio sobre comida de otras zonas del país dentro de la capital, lo que junto a otros puntos específicos como las pescaderías de la Carrera 4a. demuestra la multiculturalidad propia de una metrópolis como Bogotá.

Aborrajados y marranitas


Las marranitas, los aborrajados, la chuleta de cerdo, el sancocho, la lulada y el champús, son algunas de las preparaciones que simplemente con el nombre evocan la gastronomía de Cali y el Valle del Cauca tan variada como el resto de la gastronomía nacional.


Ya regresando a lo tradicional bogotano, en el barrio Restrepo, conocido sobre todo por la fabricación y comercialización de calzado, el recorrido cerró en el restaunarte "Donde Canta la Rana". Este fue creado en 1946 y su nombre deriva del nombre de una hacienda ubicada en límites entre Boyacá y Santander, una humeda zona de páramo donde abundaban las ranas; siguiendo su título el restaurante ha optado por la decoración alusiva con cuadros primitivistas de escenas protagonizadas por ranas. Lo más reconocido en Donde Canta la Rana, más allá de sus sopas y platos típicos del altiplano cundiboyacense, es la parrillada, servida a la mesa con diferentes carnes como cordero, ubre, costillas y sobrebarriga. A pesar de que el Restrepo progresivamente se transformó en un barrio comercial e industrial, Donde canta la rana se ha mantenido a lo largo del tiempo como uno de los más populares en el sur de la ciudad, y como los otros no ha sido ajeno a la visita de celebridades como la orquesta tropical Billo's Caracas Boys que hizo su propia mención del sitio en la canción "para Bogotá".


Parrillada del restaurante Donde canta la rana

Más allá de sus platos y su oferta gastronómica, la principal importancia de estos lugares es la preservación de la memoria histórica no sólo en torno a sus recetas y procedimientos, sino también por el papel que jugaron en el desarrollo de sus respectivos barrios y localidades, así como por lo que representan en el imaginario bogotano. Existen muchas personas en la Bogotá que si bien nunca han entrado a estos sitios, saben sobre su existencia y tradición, pues así como edificios, parques, casas, calles o acontecimientos, estos también marcan hitos en el desarrollo de la ciudad. Agradecemos a los restaurantes mencionados, así como a la profesora Catalina Echavarría y los estudiantes de gastronomía de la Universidad de la Sabana por su interés en preservar y divulgar los saberes tradicionales de la gastronomía bogotana y colombiana en general.

Restaurente las Margaritas: Cll 62 #7-77 - http://www.lasmargaritas.bogota-dc.com/
Restaurante Magolita, las Ojonas: Cr 27a #24-12 - http://www.restaurantemagolitalasojonas.com/
Restaurante Fulanitos: Cr 3 # 8-61
Restaurante Donde canta la rana: Cr 24c # 20-10 sur

Texto: Fundación Senderos y Memoria
Fotos: Santiago Rincón Leuro

septiembre 28, 2009

PATRIMONIO GASTRONÓMICO BOGOTANO

Panadería, pastelería La Florida. Tradicional por su chocolate santafereño


Durante el mes de septiembre se celebró en Bogotá el mes del patrimonio cultural, con un gran número de actividades que buscaban acercar a la ciudadanía en general, al patrimonio cultural y natural de la ciudad. Dentro de estas actividades, desde el 13 hasta el 20 de septiembre, se desarrollaron 12 rutas sobre patrimonio gastronómico bogotano "gastronautas por Bogotá", organizadas por iniciativa del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, y diseñadas y ejecutadas por la Fundación Senderos y Memoria.


Plaza de mercado del Barrio las Cruces
Siendo Bogotá una ciudad tan diversa, parte de su patrimonio gastronómico incluye también puntos representativos de la cocina colombiana, no bogotana, pero que se han convertido en referentes gastronómicos en Bogotá y en un sector específico. De esta forma se incluyeron en las rutas, restaurantes tradicionales en la memoria de los bogotanos; restaurantes internacionales, vegetarianos o alternativos, pero que son referentes obligados en la ciudad y sus localidades, así como otros que representan nuevas tendencias y propuestas en sectores como la Macarena y Usaquén, reconocidos por su oferta gastronómica.


Don Julio Ríos, propietario de Las Margaritas, el restaurante más antiguo de Bogotá
Así mismo se vincularon en las rutas plazas de mercado tradicionales como punto de partida de cada ruta, y establecimientos especializados en postres, chocolates, pastelería, repostería o salones de té, una de las muestras más variadas en la ciudad.


Doña Segunda Fonseca, propietaria del piqueteadero Doña Segunda, barrio 12 de octubre

El objetivo de las rutas fue tener un contacto directo con diferentes representantes de la gastronomía en Bogotá, haciendo énfasis en sus tradiciones, importancia histórica o concepto, reivindicando la cocina bogotana, sus ingredientes, formas de preparación y tradiciones. De esta forma los participantes en las rutas conocieron sobre la historia de los restaurantes, en la voz de sus propietarios o encargados, quienes compartieron algo de su memoria en torno a las tradiciones gastronómicas que les han valido reconocimiento.
Restaurante las Ojonas, barrio Samper Mendoza

Gracias a la participación de estos establecimientos, los asistentes a las rutas pudieron conocer sobre platos tradicionales de la gastronomía bogotana y cundiboyacenese como el guiso de cola, la torta de menudo, la mazamorra chiquita, el pescuezo de gallina, la fritanga, la mantecada y el masato; y gracias a la generosidad de los propietarios, pudieron también degustar parte de esos platos, que aunque no tan comunes en las nuevas generaciones, siguen formando parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Plaza de mercado de Paloquemao

Gracias a los establecimientos participantes: Plazas de mercado de las Cruces, Paloquemao, la Concordia, la Perseverancia, 7 de agosto, 12 de octubre, Restrepo, Egipto, Usaquén, Escuela taller de Bogotá, Quinua y amaranto, la puerta falsa, donde canta la rana, pescadero Benjamín Bohórquez, obleas Don Ángel, La enramada, Aquí en Santafé, Postres la Enramada, las Margaritas, la residencia, Joyce, las Ojonas, Zukini, pastelería Belalcázar, escuela de gastronomía del SENA, Chalet Suizo, pastelería Arlequín, piqueteadero Doña Segunda, Fusión Bogotá, postres Todo Rico, pescadería las Juanas, Churrasquería Normanda, Cafe de la peña pastelería francesa, Criolla, la Juguetería, la Choco-latera, Fulanitos, cigarrería el Candado, Habemus papa, Crioollas Usaquén, la Tarta, Vasija de Barro, panadería pastelería la Florida, así como al Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

Fotos: Santiago Rincón Leuro
Texto: Fundación Senderos y Memoria